Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.

Siempre he dicho que el closet o cuarto de los tarecos, de los trastos, los corotos, los trebejos , los chécheres, el cuarto del desorden, el cuarto de los triques, o como le llamen en tu pais de origen no deben de existir, porque los mismos nos ayudan a acumular cosas que muchas veces ni usamos mas nunca en nuestras vidas y cuando necesitamos algo de lo que alli esta guardado tenemos tantas cosas acumuladas en el mismo que nos cuesta muchisimo trabajo encontrarla y eso es si la encontramos. Nos queda muchas veces mas facil el ir a comprarlas de nuevo que rebuscar entre todos los trastes.

Siempre he dicho que si nosotros acumulamos en ese closet o cuarto algo por mas de seis meses, eso no lo necesitamos, bueno a no ser que sea ropa de invierno que solo la utilizamos cuando vamos de viaje a un pais en el tiempo de invierno como son los Estados Unidos, España, Europa o cualquier otro lugar donde haga frio.

A veces nosotros acumulamos cosas que a los demas le hacen muchisima falta muchas veces hasta para tener una mejor calidad de vida, y sin embargo nosotros la tenemos ahi acumulada por años sin darle ningun uso y sin la misma prestar ningun beneficio a nosotros o a alguien que la pueda necesitar.

Hace unos dias llego a mis manos una historia que quiero compartir con ustedes, y que lleva por nombre: “El Cuarto de los Triques no debería de Existir”,está escrito por un Señor llamado Jaime Jaramillo, creador de la Fundación “Niños de los Andes”, esta historia tiene un gran mensaje para aquellos que nos gusta guardar cosas en el cuarto del desorden y dice así:

“En una ocasión, antes de dar inicio a mi sección diaria Semillas para el Espíritu, del programa Muy buenos días, me dijo Mario el presentador: Jaime, hay una niña discapacitada  que vive con su tía en un tugurio, en condiciones infrahumanas, y necesita una silla de ruedas. Ese día conté el caso de esta niña y hablé de la importancia del servicio y de dar sin esperar retribución. Recuerdo haber dicho enfáticamente que aquellas cosas inutilizadas tras cinco meses ya no nos pertenecen y, por tanto deben darse a alguien que las necesite. Expliqué con claridad que los cuartos de triques, donde se guardan cobijas, herramientas, cuadros, bicicletas, coches de niños, juguetes, etc., etc., no deberían existir. Al final de mi sección llamaron alrededor de cien personas, de las cuales noventa y nueve dijeron que también necesitaban una silla de ruedas, y solo una persona ofreció una silla que podían pasar a recoger. Le dije que sería una buena idea que ella fuera con la silla al estudio de televisión para que juntos se la entregáramos a la niña que vivía en un tugurio del barrio Simón Bolívar. La señora me respondió que confiaba en mí, que no había problema en que recogieran la silla, y yo le conteste que no era cuestión de confianza sino de sentir la satisfacción de entregarla personalmente. Yo quiero que Usted me acompañe y experimente el placer tan grande que es dar y la felicidad que se siente al servir. Usted no tiene ni la menor idea de lo rico que es experimentarlo. Le explique entonces que una cosa es conocer  a fondo una manzana, su textura, su color y su forma, y otra meterle un buen mordisco y experimentar su sabor".

Yo le dije que muchas veces se guardaban cosas por mucho tiempo y nunca se usaban. A base de rogarle la señora se decidió a ir conmigo al barrio Simón Bolívar a entregar la silla de ruedas. Al sentir el frio y la podredumbre del ambiente la señora quiso devolverse, pero finalmente llegamos al cuarto oscuro y denso donde se encontraba aquella criatura de doce años.

Ella se arrastraba por el suelo porque no podía caminar, ya tenía grandes llagas en su cuerpo de andar arrastrándose por el piso. La levantamos del piso y la sentamos en la cama, al sentarla en la cama sentí un olor peor que el de las alcantarillas. Entonces la sentamos en la silla de ruedas y fuimos a dar una vuelta.

En cuanto la niña salió a la luz del sol y vio la mañana empezó a dar unas risotadas exageradas. Por un momento creí que era retrasada mental, pero lo que sucedía realmente era que nunca había salido a dar un paseo, ni nunca había visto un camión. Entonces la señora me miro y me dijo con voz entrecortada y llorando: Jaime, porque tuve esta silla de ruedas en el cuarto de los trastes de mi casa por más de ocho años. Lloro de pensar que esta niña se arrastró como una culebra durante todos sus años, mientras esa silla de ruedas se oxidaba y dañaba por falta de uso. Ella nunca pudo dar un paseo como el que está dando ahora, lloro por las oportunidades que tuve para ayudar a otros y por no haber hecho nada”.

Mis queridos amigos, recuerda que un niño o una persona mayor puede estar necesitando algo de lo que tienes abandonado en el closet o cuarto del desorden, de los tarecos, de los trebejos, de los chécheres, de los trastos, de los corotos o de los triques.

¿Eres de las personas que guardan las cosas en ese closet o cuarto por si alguna vez lo necesitas, y lleva ya allí años sin uso y abandonados? No acumules cosas que ya no necesitas, recuerda que siempre hay personas más pobres que la necesitan.

Termino con estas palabras del Evangelio de San Mateo, Capitulo 6, Versículos del 19 al 21, y dice así: “No amontonen riquezas aquí en la tierra donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar. Más bien amontonen riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye ni las cosas se echan a perder ni los ladrones entran a robar. Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón”.

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.