Los estímulos puestos en marcha por el gobierno de Estados Unidos para paliar los efectos de la crisis económica provocada por el coronavirus incluyeron el envío de sustanciosos cheques a los trabajadores y generosos créditos a empresas, además, se sumaron los esfuerzos de la Reserva Federal para mantener la liquidez del sistema bancario y que las entidades pudieran seguir prestando.


¿Y cómo lograron esto? El gobierno y el banco central imprimieron dinero a una velocidad sin precedentes en la historia reciente de Estados Unidos.


Sin dudas, ante este desproporcionado y quizás necesario aumento de la masa monetaria, se hace fácil pronosticar que el dólar tendrá una pérdida de su poder adquisitivo, que de hecho ya se ha venido materializando.  Esta acelerada devaluación del dólar contra muchas divisas ofrecerá un inesperado respiro a las economías de América Latina, devastadas por los efectos de la pandemia de covid-19.


En nuestra economía uno de los factores que más pesa es la excesiva dependencia del dólar y el volumen de deuda pública emitido en dólares, en lugar de en pesos; por eso cuando el tipo de cambio peso/dólar sube, la carga de la deuda se hace cada vez mayor. Ahora que el dólar tiende a caer, es fácil plantearse cómo puede beneficiarnos.


Sin embargo, si consideramos el crecimiento de la deuda publica en los últimos dos gobiernos y especialmente, el aumento del último año para afrontar nuestra crisis sanitaria y económica provocada por la pandemia, un debilitamiento del dólar de entre el 10% y 15%, no supondrá un cambio sustancial, aunque nos reduce el aumento de la presión fiscal y podría mejorar nuestra competitividad ante países de economías menos dolarizadas.


Nuestro principal socio comercial es Estados Unidos. Nuestra Agricultura, Agroindustria, Zonas Francas y demás industrias están muy orientadas al mercado estadounidense y una gran parte de nuestras exportaciones son para la industria manufacturera de ese país, que obviamente se beneficia de la debilidad del dólar.


Además, estamos seguros de que en la medida en que la economía estadounidense y la llegada de la vacuna contribuyan a un repunte en el crecimiento económico de este año, esto será extremadamente positivo para la recuperación del Turismo, de la estabilidad económica y para la recuperación del empleo en República Dominicana.


En otro orden, el sistema bancario y financiero de Estados Unidos está padeciendo de una crisis de sobre liquidez sin precedentes, producto de la expansión monetaria, la baja demanda de nuevos financiamientos y  los tipos de interés fijados por la Reserva Federal que se mantienen en 0% desde el mes de marzo del pasado año, trayendo como consecuencia que el margen de ganancia de los bancos desaparezca, por una combinación de factores relacionados con las exigencias de capital aprobadas tras la crisis financiera de 2008.


Esta sobre liquidez y baja rentabilidad, obliga a la búsqueda de rentabilizar los ahorros y esta situación puede llevar a muchos ahorrantes a buscar productos e inversiones de mayor riesgo, lo que representa una oportunidad para hacer exitosas emisiones de Bonos Soberanos a tasas bajas, como de hecho ha venido haciendo nuestro gobierno.


Por otro lado, existe la amenaza de que la pérdida del poder adquisitivo del Dólar y si las economías globales se reactivan, es muy probable que veamos una subida en los precios del petróleo. Incluso, ya hemos visto un repunte en el precio del barril de crudo y, en nuestra economía, un aumento de éste incide en el equilibrio de la balanza de pago y en el índice de precios al consumo.