El licenciado Cabral, tras bambalinas pese a su fugaz paso por el Consejo de Estado, organizó y dio coherencia al renaciente empresariado post-Trujillo

La marca Bermúdez en la industria del ron dominicano es emblemática de resiliencia pese a todos los avatares que pueden imaginarse en una trayectoria que llega en estos días a sus primeros 170 años de fundada. 

De varias generaciones dedicadas a liderar la prestigiosa Casa Bermúdez, como es conocida la empresa J. Armando Bermúdez, C. por A., ninguna logró tantos éxitos ni dio tanto brillo al nombre, ni asumió tantas responsabilidades cívicas, como la del inolvidable don Poppy (1928-2014) y su pariente el abogado José María Cabral Bermúdez (1902-1984). 

El primero debió asumir la responsabilidad del negocio durante las duras décadas de la segunda mitad del siglo XX, ocupándose personalmente de crear la red de promotores para vender sus excelentes rones hasta convertirlos en líderes indiscutibles del mercado. El licenciado Cabral, tras bambalinas pese a su fugaz paso por el Consejo de Estado, organizó y dio coherencia al renaciente empresariado post-Trujillo. 

Pero si hay un nombre imborrable e inolvidable al hablarse de Bermúdez, es el de Poppy. A su viuda, doña Elba Madera, e hijos José Armando, Mamina, Domingo, Julia y Ana, que aun poseen más de un tercio de la empresa, este aniversario ofrece excelente ocasión de celebrar la calidad humana, don de gente y abrumadora popularidad de Poppy Bermúdez. Me alegra recordarlo siempre.