Peña, como también le llamábamos, entendía que el gobierno en 1991 y el presidente Balaguer nada hacían en serio para resolver el problema de la migración haitiana y de la emigración dominicana hacia el exterior.

En este país se habla y a veces en demasía, generalmente sin sustento documental, en muchos medios de comunicación social o de masas.

La banalidad prevalece en los “análisis” de realidades y sucesos históricos en radio, televisión y redes sociales, y en ocasiones hasta en alguna prensa escrita.

Del mismo modo muchos temas son tratados con notable superficialidad cuando se tocan problemas políticos y económicos nacionales e internacionales.

Haití y la República Dominicana:

Este introito lo hago a propósito del asunto de los vecinos haitianos y sus problemas de ayer, de hoy y siempre.

Con la salvedad de que en temas y situaciones que amenacen la paz y la estabilidad socioeconómica y política de la nación dominicana, y por supuesto su integridad territorial, debemos mantenernos unidos.

Es necesario antes precisar que por la sobrevivencia como pueblo y nación, en estas circunstancias, está fuera de discusión el apoyo, sin resquemores partidarios, al presidente de la República Luis Abinader Corona y las medidas que está adoptando su gobierno frente a la Crisis Haitiana.

Crisis eterna, recurrente, que se ha manifestado de tantas formas y como una constante desde hace doscientos años y es la principal amenaza a la integridad y soberanía del Estado y la Nación del Pueblo Dominicano.

Repito Pueblo Dominicano, engendrado y creado en esta tierra mucho tiempo antes de que los bucaneros y filibusteros abrieran la brecha que le permitió a la Francia fabricar su colonia de esclavos africanos en la parte extrema occidental de la isla La Española o de Santo Domingo, como se le quiera llamar.

Desde 1994:

No hay que irse tan lejos en la historia para comprender que esta última crisis haitiana tiene explicaciones bien cercanas en el tiempo.

Desde la invasión unilateral por más de veinte mil soldados de los Estados Unidos a Haití en 1994, enviados por el presidente William Jefferson (Bill) Clinton, al cumplirse casi 30 años, Haití a ido de mal en peor.

Después llegó un contingente de Naciones Unidas y fue más peor o pior, como dice nuestro pueblo.

Se repitió otra acción militar norteamericana en 2004, y luego retornaron las tropas de la ONU, y todo siguió siendo más peor.

Más peor y cruda verdad es que las consecuencias negativas de la Crisis Haitiana las hemos cargado los dominicanos. Centenares de miles de compatriotas han ido cediendo territorio y puestos de trabajo a los haitianos.

Con regularidad somos testigos aún hoy de nuestra emigración propia desesperada y de la muerte en las aguas del mar nuestro de pobres infelices dominicanos que han tomado las aguas del océano para morir por centenares y quizás miles desde 1994, buscando mejores condiciones de vida en yolas que se tragan las aguas que rodean la isla.

Todos los gobiernos desde 1994 permitieron que el país se llenara de campamentos de refugiados haitianos. No hay un lugar del país donde no estén esos nichos de inmigrantes haitianos.

Un doctor tuvo razón

Hubo un Doctor que tuvo razón en 1991 sobre el problema que nos iba a venir encima, y lo dijo tres años antes de que se produjera la invasión ordenada por Bill Clinton en 1994.

Se pensará que aludo al doctor Joaquín Balaguer, entonces presidente de la República.

No.

Me refiero a otro Doctor, y así le llamábamos, en público y en privado, desde que le tratábamos o como amigo tanto en el país como en el exterior, y en una visita a la ciudad de Nueva York en la campaña contra La Banda Colorá, y en las entrevistas que nos concedió para la revista Ahora en 1971 y en nuestro programa de televisión Economía Al Día en 1983 cuando era el Síndico de una Ciudad capital de gran extensión que constituía entonces el Distrito Nacional incluídas sus zonas rurales. Publiqué en El Nacional de Ahora y otros medios (*) el 11 de febrero del 2018 un artículo sobre Peña Gómez como Síndico, función administrativa electiva mediante voto popular que se denomina hoy Alcalde y/o Alcaldeza. En 1998, tres meses antes de fallecer, me dedicó con su firma su libro Gestión Municipal.

Peña, como también le llamábamos, entendía que el gobierno en 1991 y el presidente Balaguer nada hacían en serio para resolver el problema de la migración haitiana y de la emigración dominicana hacia el exterior.

De las graves consecuencias que estaba teniendo para nuestro país la emigración dominicana hacia el exterior, y de los problemas que nos traería en el futuro el deterioro de Haití, de todo eso y más, habló el doctor José Francisco Peña Gómez hace treinta y dos años.

Así consta en una reseña del vespertino Ultima Hora del sábado 18 de mayo de 1991, pagina 3, que conservo entre mis papeles, esta vez por otro programa de televisión en Rahintel dirigido por Félix Reyna.