Mientras tanto, el emplazamiento de fuerzas militares nacionales, difundida en fotografías y vídeos, remite a prevenciones extremas y a posiciones bélicas.

La tensión es evidente entre la República Dominicana y Haití. Se nota en palabras y en imágenes.

La diplomacia del twitter ha tomado cuerpo y por esa vía -que no es la más adecuada- ha habido posiciones bilaterales preocupantes.

Mientras tanto, el emplazamiento de fuerzas militares nacionales, difundida en fotografías y vídeos, remite a prevenciones extremas y a posiciones bélicas.

El presidente Abinader, respaldado por su canciller Roberto Álvarez, ha repetido una verdad de perogrullo vigente desde hace décadas: la comunidad internacional mira para otro lado cada vez que rebrota la crisis en Haití.

Desde aquel lado de la frontera la respuesta no se ha hecho esperar sacando en cara a la República Dominicana que también tiene un problema de seguridad pública.

En la opinión pública y algunas exposiciones editoriales se verifican efluvios patrioteros que constituyen agitaciones sobre una coyuntura que en sí misma es tensa.

Pienso que es momento de actuar con sangre fría, reflexión, medir cada palabra que se convierte en declaración pública y manejar con mayor prudencia los emplazamientos militares.

También es importante cuidar la adopción de medidas de políticas públicas que proyecten restricciones extremas en términos migratorios.

Con una conflagración diplomática entre Haití y la República nadie sale ganando. Perdemos los dos.

Es importante ir organizando escenarios de diálogo para bajar la tensión con un vecino al que siempre tendremos ahí como nuestro segundo socio comercial más importante y con quien compartimos este terruño caribeño.