Pero no es así. Tenemos que vernos no solamente a lo interior, dejar de estar observando nuestros ombligos, sino compararnos con lo que está pasando en el resto de nuestro continente.

El colmo, la tapa al pomo, ha sido lo de la fiebre porcina africana de la cual nos habíamos salvado desde los tiempos de la presidencia de don Antonio Guzmán (1978-1982). Además, no solo estamos sufriendo de una inflación mayormente importada y de la pérdida casi total (depende de con quien uno habla) del año escolar por dificultades de conectividad para atender clases virtuales, sino que de un concurso para escoger mejores maestros han sido excluidos los más sobresalientes, los egresados del Instituto Superior de Enseñanza Docente y del curso especializado de INTEC. Agréguese a todo esto las malas noticias sobre recientes indicios de corrupción dentro del nuevo gobierno, el cual no actúa con la rapidez requerida para sancionar a los culpables. También se mantiene vigente la tradicional abulia de nuestros congresistas para pasar leyes. El aumento en el desempleo y el empeoramiento en la distribución del ingreso, consecuencias del covid, permiten concluir que realmente el país está mal.

Pero no es así. Tenemos que vernos no solamente a lo interior, dejar de estar observando nuestros ombligos, sino compararnos con lo que está pasando en el resto de nuestro continente. Los gobiernos de izquierda radical como los de Venezuela, Nicaragua y Cuba sufren crisis cada día mayores. El nuevo gobierno de Perú tiene muchas posibilidades de actuar mal, o de ser víctima de un golpe de Estado perpetrado por los congresistas de la oposición. En Chile luce que los candidatos para las próximas elecciones presidenciales son los líderes estudiantiles de la izquierda de ayer. ¿Y qué decir del Brasil de Bolsonaro y de la Argentina de los nietos de Perón? Un país que hasta hace poco era un ejemplo de democracia, Colombia, ha enfrentado fuertes disturbios callejeros. México y Bolivia con gobiernos de izquierda continúan siendo grandes interrogantes.

Y más cercano a nosotros están los países centroamericanos con sus grandes problemas. El gobierno de Guatemala lamentablemente ha “desvinculado” al muy prestigioso Juan Francisco Sandoval, encargado de la lucha contra la corrupción, su versión de Miriam Germán, El Salvador, un país dolarizado, ha adoptado el bitcoin. La Honduras de las Maras cuenta con ex presidentes sometidos a la justicia, algo que también ocurre en una Panamá usualmente tranquila y estable y con el crecimiento más alto de la región, pero cuyo PIB se redujo en un 18% el año pasado. El daño pandémico en Centroamérica cayó más fuerte sobre los más vulnerables.

Los únicos países de la región que lucen estables y con buen potencial de crecimiento son Ecuador, manejado por un banquero prudente, Uruguay, Paraguay y la siempre sólida Costa Rica. Jamaica, Trinidad y Tobago y una Guyana que ahora es rica en petróleo, constituyen el final de esa corta lista donde indudablemente colocamos a la República Dominicana, tanto por su nivel de crecimiento económico, su estabilidad financiera y política, su sistema democrático y la vigencia de los derechos humanos. Luis Abinader está a punto de cumplir un año en el gobierno y lo ha hecho bien.

En el Reino Unido se otorga anualmente el premio Booker a la mejor novela. Concursan cientos pero el jurado hace pública su “lista corta”, las diez con más posibilidades de ganarlo. El haber salido en esa lista de por sí otorga mucho prestigio y garantiza ventas. Nuestro país está en la “lista corta” para los que invierten en América Latina. Esos inversionistas tan solo están mirando a esa “lista corta”. Aunque nuestro equipo económico ha anunciado, y lo está poniendo en práctica, que solo estaremos tomando préstamos a organismos multilaterales (BID, Banco Mundial, Banco Centroamericano, etc.) en caso de volver a emitir bonos soberanos es indudable que el interés de los inversionistas se concentrará en los de los países en la “lista corta”. Los turistas, por otras razones, también preferirán los países en esa lista.

En fin, que realmente no estamos tan mal, si lo vemos a la luz de la situación política  que está teniendo lugar en nuestro hemisferio, incluyendo, por cierto, en los Estados Unidos. Pero ese es tema de otro artículo.