Un día, una abuela paseaba con su nieta de pronto se encontró enfrente a un jardín privado donde habían varias rosas. La nieta se detuvo a ver una de las rosas.

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.


Un día, una abuela paseaba con su nieta de pronto se encontró enfrente a un jardín privado donde habían varias rosas. La nieta se detuvo a ver una de las rosas.


Mira mi abuela está llorando. Mira las rosas no lloran, contestó la abuela, nieta mía, mira tiene góticas. No son góticas de roció. Mira abuela porque por que lloran. Porque tiene clavadas todas esas espinas, Le han de doler mucho, por eso lloran las rosas, abuela. Pobrecitas.


La abuela sonrió con ternura ante la contesta la inocente comentario de la nieta. Podemos llevarla a la casa para quitarle las espinas. Agrego la niña.      


Pero tú cómo sabes que no les duele? La abuelita no supo responder.


Cerca de allí estaba un jardinero, que había escuchado, la conversación y se acercó a ellas   les dijo.    


Querida niña ¿Quieres saber por qué las rosas, siendo tan bellas, tienen estas espinas tan afiladas?  


Si señor quiero saberlo contesto la niña, te lo diré. Las rosas tienen tantas espinas, para que al tocarlas nos pinchemos los dedos. ¿Pero eso por qué? Pregunto la niña. Para qué nunca olvidemos lo que duele un pinchazo. Duele bastante, hubo un hombre que soportó una corona de espinas en su cabeza, además de sus clavos en sus manos y en sus pies y ese hombre se llama Jesús, sufrió todo por amor a ti y a mí.


Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.