Según la CEPAL, para la región en promedio un poco más de 80% del crecimiento de la actividad económica en 2021 se explica por un arrastre estadístico. La recuperación es un concepto más amplio y debe ser el objetivo principal de las políticas públicas luego de una crisis.

El Gobierno aparenta que se quedará corto con la última estimación oficial de crecimiento económico de 5.5% para este año que hizo el pasado mes de marzo. La probabilidad que la proyección sea revisada al alza en los próximos meses es alta. Aunque persiste la incertidumbre por la circulación del coronavirus, si se mantienen las condiciones actuales la economía tendrá un buen desempeño.

A veces las comparaciones no gustan, pero siempre son necesarias para darnos una idea del contexto en que hablamos: la economía dominicana cayó menos que el promedio de los países de América Latina en 2020 y crecerá más en 2021. Es impresionante que esto ocurra en el marco de la caída más grande en la actividad económica en la región desde el año 1821, de acuerdo con datos del Banco Interamericano de Desarrollo.

Hay una pregunta que no podemos obviar ¿La economía está rebotando o se está recuperando? La diferencia entre estos dos conceptos es importante, como bien ha destacado la distinguida economista Carmen Reinhart, profesora de la Universidad de Harvard y, desde el año pasado, economista jefe del Banco Mundial.

El rebote es un fenómeno estadístico que se da cuando la base de comparación es muy baja. La CEPAL estima que un poco más de 80% del crecimiento de la actividad económica en 2021 en América Latina se explica por un arrastre estadístico.

La recuperación es un concepto más amplio y debe ser el objetivo principal de las políticas públicas luego de una crisis: retornar a los niveles observados en distintas variables previo a la crisis. Esto sin olvidar que hay muchos factores que están fuera del alcance de un Gobierno para lograr este objetivo, como la inflación importada que está ocurriendo ahora mismo o, en materia de salud, el rebrote del virus que se observa en Santo Domingo.

Que una economía rebote después de un pésimo año no es malo; es todo lo contrario, sobre todo si ese rebote es mucho más grande del que se esperaba. Pero la recuperación se da cuando alcanzamos los niveles pre-crisis en distintos indicadores, por ejemplo, en los niveles del Producto Interno Bruto (PIB) o del ingreso per cápita.

De acuerdo con las estimaciones del propio Gobierno, regresaríamos en el año 2023 a los niveles del PIB en dólares observados en 2019 y en el año 2024 alcanzaríamos el ingreso per cápita observado previo a la crisis. Es decir, nos tomaría 3 o 4 años recuperarnos en términos de ingresos. Obviamente será antes en la medida que la actividad económica crezca más rápido.

Tenemos buenos precedentes, pues en apenas dos años luego de la crisis bancaria de 2003 ya habíamos vuelto, y de hecho superamos, los niveles pre-crisis en términos de PIB y PIB per cápita. En otros indicadores, como los de pobreza, nos llevó más de diez años volver a los niveles previos a la

Ahora lo lograríamos mucho más rápido porque los programas de transferencias sociales amortiguaron mucho el aumento de los indicadores de pobreza (aumentó solo de 21% a 23.4%). Sin los programas sociales hubiera aumentado a 29%. Y para que se tenga una idea, cuando la crisis bancaria del 2003, el aumento en la tasa de pobreza fue 32% a 50% y la pobreza extrema se duplicó de 8 a 16%.

Otros indicadores que se deben analizar en detalle son los del mercado laboral: los cotizantes de la Seguridad Social, empleados suspendidos, empleo total o por sectores. Analizar la tendencia nos da una idea de cómo va la recuperación y sirve al Gobierno para enfocar sus esfuerzos en los sectores que van más rezagados. Y es evidente que algunos sectores ya están en niveles previos a la pandemia y otros no.

Es decir, recuperación es cuando se llega a los niveles previos a la crisis en distintos indicadores que pueden ser macroeconómicos, laborales, indicadores de pobreza y sociales, entre otros.

Lo que está quedando demostrado es la fortaleza y resiliencia de la economía dominicana. La economía no solo está rebotando, sino que la recuperación se ha alcanzado en algunos sectores o indicadores. El caso de las exportaciones es notable.

Esto es una muestra de que las ayudas del Gobierno y del Banco Central fueron efectivas. Hay que reconocer también que la economía norteamericana nos está dando un gran impulso.

Es evidente que la economía dominicana tiene buenos fundamentos, está bien diversificada y las perspectivas de largo plazo son buenas: aún en medio de la pandemia se siguen anunciando nuevas inversiones de largo plazo. Ahora hay que enfrentar el problema fiscal. Pero eso será tema de otro artículo.