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Septiembre de 1965, dos años después del golpe: Elías Wessin y Wessin atropellado y exiliado

En mi libro Golpe y Revolución, los Documentos Entonces Secretos de 1965 revelan que también hubo dominicanos que fueron atropellados por la ocupación extranjera a pesar de que la apoyaron.

El General Elías Wessin y Wessin, en un principio el líder de los militares opuestos al Coronel Francisco Caamaño que formaron una Junta Militar para solicitar la intervención de los Estados Unidos, fue una de las grandes víctimas de la invasión extranjera de 1965.

Documentos y correspondencias que reposan en los archivos del Presidente Lyndon B. Johnson en su Biblioteca de Austin, Texas, revelan la lealtad con que Wessin y Wessin se comportaba con el gobierno de Estados Unidos, mientras ese mismo gobierno se decidía a marginarlo.

Fue siempre evidente el respaldo que el General Wessin y Wessin, entonces Jefe de las tropas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas con sede en San Isidro, mantuvo en favor de la Junta Militar que el 28 de abril solicitó esa Junta por escrito la invasión norteamericana.

Sin embargo, desde el día 2 de mayo de 1965 ya los representantes del gobierno de Estados Unidos querían desvincularse del Jefe del CEFA.

A las 7:49 de la noche de ese día al Embajador William Tapley Bennett se le solicitó que pidiera a Wessin que dejara de estarse identificando tanto con el gobierno norteamericano y con el propio Embajador Bennett.

Dos días después, Bennett le recomendaba al gobierno de los Estados Unidos que promoviera el retiro de Wessin y Wessin de las Fuerzas Armadas dominicanas. En esos primeros días de mayo de 1965 se trató de conseguir la renuncia de Wessin, pero sin resultados.

Wessin se resistió y se confinó con sus hombres más leales en San Isidro.

Cuatro meses solamente tardaría en producirse el retiro forzoso del general dominicano que entonces tanto proclamaba su adhesión y lealtad a la causa que decían los Estados Unidos vinieron a defender en la República Dominicana.

El 9 de septiembre de 1965 un gran número de soldados extranjeros en jeeps y 26 helicópteros se aparecieron por la casa de Wessin.

Personalmente se le presentaron los Generales Hugo Panasco Alvim y Bruce Palmer, el primero brasileño y el segundo norteamericano, ya entonces los Comandantes de la llamada Fuerza Interamericana de Paz (FIP).

Y después que lo llevaron a la Academia Militar lo conminaron a entregarle el mando de las tropas del CEFA al Coronel Elio Osiris Perdomo Rosario.

No le permitieron a Wessin buscar documentos en su escritorio antes de retirarse.

Le impidieron ver su familia.

Y también se negaron a permitirle cambiarse de ropa de faena verde olivo antes que lo deportaran a Panamá.

Palabras del General Wessin tres semanas después, el primero de octubre de 1965, son las fuentes de esta referencia a su deportación.

A pesar del maltrato, Wessin pensaba que el Presidente Lyndon B. Johnson era ajeno a su salida del país. Por lo menos eso es lo que cualquiera infiere cuando lee una carta en inglés con la firma del general dominicano que está archivada en original en las correspondencias de Johnson en Austin, Texas.

La carta tiene fecha 18 de septiembre de 1965 y fue remitida el 24 de septiembre del mismo año al Presidente Johnson por el funcionario de la Casa Blanca R.W. Komer.

El 30 de septiembre, el día anterior a la sesión especial de un Comité del Senado de los Estados Unidos que escuchó en Miami el testimonio del General Wessin, el Consejero de Seguridad Nacional le envió una nota a Bill Bowdler con la carta de Wessin.»You might acknowledge, do you think?», le decía McGeorge Bundy a Bowdler.

Antes de eso, el 10 de septiembre a las 4 de la tarde, el señor Bundy le había enviado al presidente Johnson un memorandum donde le anexaba un despacho del General Palmer informando de los pormenores de la deportación de Wessin el día anterior.

La carta de Wessin, a libre traducción, dice textualmente:

Miami, Florida

18 de septiembre, 1965

El Presidente

La Casa Blanca

Washington 25, D.C.

Señor Presidente:

Yo he estado siguiendo con tremendo interés desde esta ciudad de la Florida, donde he iniciado el exilio que se me ha impuesto, el arduo debate iniciado y mantenido en el Congreso concerniente a su decisión ordenando el desembarco de los Marines en la República Dominicana.

Yo fui un participante decidido y siempre en primera línea durante cada momento de este histórico y dramático curso de los eventos. Como un oficial y caballero, yo mismo me considero obligado a suscribir y proclamar ante usted, Señor Presidente, el Continente y la opinión pública americana estas básicas e inalienables realidades:

1. Para juzgar y debatir su resolución y decisión y tener la legítima autoridad para hacerlo, sería necesario haber sido testigo o recibido directamente todos los informes del infernal horror de los crímenes, incendios, gritos, locuras y desesperación en que estaba la capital de la República Dominicana.

2. No olvidar que a pesar de la bravura y el coraje de las fuerzas armadas dominicanas, el ataque de los comunistas y la ferocidad de las turbas era tan violentamente explosivo que sin la ayuda de los Marines era imposible garantizar las vidas, propiedades y todos los otros aspectos de la civilización, orden o seguridad general.

3. Debe tenerse en mente que aunque lo arriba mencionado podría ser de su conocimiento general, usted no tomó la decisión del desembarco de los Marines hasta después de varias peticiones de la Junta Militar presidida por el Coronel Pedro Bartolomé Benoit cuya Junta era el único gobierno oficial que la República Dominicana tenía en ese momento.

A causa del debate en el Congreso y de otros pocos que tienen el objetivo de desfigurar y confundir la opinión pública con relación a su gran acto humano, salvador y extraordinario, yo siempre mantendré y defenderé:

Que lo que usted hizo fue salvar una nación, evitar una masacre, para evitar que el comunismo devorara un país y con esto su posición como líder y símbolo de genuina democracia subió más alta.

Hoy, como consecuencia de esta excepcional decisión suya, yo estaré más que nunca a su lado y del pueblo americano.

Y, como soldado y dominicano, mi principal obligación es y será siempre defender y servir a mi país. Como un hombre de principios y amigo leal de los Estados Unidos, a usted le repito, que tantas veces como usted y su país puedan necesitarme para defender la libertad y la democracia, yo responderé a usted «A sus órdenes generales, Señor Presidente».

Elías Wessin y Wessin

General de Brigada (retirado)

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