En apoyo a Abinader, líderes de opinión resaltan la necesidad de que Haití restaure el orden público legal y cese de ser un emisor a chorro de indeseados emigrantes ilegales.

El presidente Abinader cumplirá dos años como presidente tras enfrentar con éxito la más prolongada y difícil crisis nacional desde que Balaguer fue electo en 1966 después de la guerra civil.

La lista parece de película de terror: pandemia, cadena de suministros interrumpida, transporte internacional carísimo, escasez de materia prima, guerra en Ucrania, inflación importada y local, hidrocarburos por las nubes, tensiones internacionales al rojo vivo, Haití disolviéndose ante la impasividad internacional…

Como si no bastara, el presidente lidera una cruzada moralizadora y regeneradora de la política, cuya punta de lanza es la persecución judicial de imputados de corrupción del gobierno anterior, incluyendo el sonado caso Medusa del exprocurador Jean Alain Rodríguez, y otros involucrando a hermanos y allegados del expresidente Danilo Medina.

El endeudamiento y el gasto públicos han subido a niveles nunca vistos. La confianza internacional ante la estabilidad, recuperación económica y continuado crecimiento se ha reflejado en elogios de organismos internacionales deslumbrados por el desempeño del Banco Central y del Ministerio de Hacienda, con exitosas colocaciones de bonos en tiempos muy difíciles.

Tantas bondades han permitido a dirigentes del PRM anunciar que respaldarán a Abinader para un segundo período en las elecciones del 2024 pero, aunque hoy existen buenas posibilidades de quedarse cuatro años más, evidentemente todo dependerá de los próximos dos años más que de los dos que ya pasaron.

Logros

El éxito del gobierno gestionando la pandemia fue notable, especialmente el liderazgo de bajo perfil, pero recio, de la vicepresidente Raquel Peña. Aparte de lograr vacunaciones masivas en tiempos breves con mejores resultados que países similares, la República Dominicana pudo reactivar su industria turística en momentos en que otras naciones no generaban suficiente confianza para motivar a los vacacionistas.

Pese a la escasez mundial de alimentos que ha castigado a muchos países, en la República Dominicana la agropecuaria e industrias nacionales realizaron un enorme esfuerzo por mantener abastecido el mercado a precios razonables y hasta continuar exportando productos de manufactura local.

La afectación del empleo también tuvo mínimas consecuencias por el programa de apoyo del gobierno y la reincorporación a sus plazas de trabajo de obreros y empleados. Por ejemplo, en la agroindustria, los ingenios de caña de azúcar obtuvieron zafras extraordinarias aumentando su producción y compartiendo sus ganancias con bonificaciones.

Abinader también ha expresado inequívocamente en foros internacionales como la ONU que la insondable crisis haitiana no puede tener una llamada “solución dominicana”, pues corresponde a la comunidad internacional ocuparse de que los propios haitianos logren un gobierno legítimo.

En apoyo a Abinader, líderes de opinión resaltan la necesidad de que Haití restaure el orden público legal y cese de ser un emisor a chorro de indeseados emigrantes ilegales.

Desde 2020 el país lidera a la región en efectividad del combate al narcotráfico y cooperación con los Estados Unidos en ese frente.

Escollos

Han sido muy criticados por el público la inseguridad ciudadana, la insoluble crisis eléctrica, la pérdida de dos años de instrucción pública pese a invertirse cientos de miles de millones de pesos en el Ministerio de Educación y la continuada inmigración ilegal de haitianos.

La estabilidad cambiaria con crecimiento económico no impide que la inflación golpee duramente a los más pobres, cuyos salarios van a la zaga de los aumentos de precios.

Los enormes gastos en subsidios han pospuesto obras públicas relevantes, algo que la oposición le enrostra, aunque la población luce más preocupada por la inflación e inseguridad. Las mejoras del Metro y del transporte público al parecer no estarán listas hasta 2024.

Hay impericia de funcionarios del sector eléctrico. Una guerrilla de intrigas hizo renunciar al superintendente de Electricidad tras una campaña mediática por ajustes salariales que realizaron por igual otros entes autónomos sin ser fulminados ante la opinión pública. Pese a que en mayo las EDEs perdieron el 37% de la energía entregada, su principal ejecutivo desde el inicio del gobierno fue reasignado como sustituto del renunciante de la SIE.

Otros escollos de relativa poca prensa, como los retrasos en el otorgamiento de permisos para proyectos mineros y asomos de corrupción en licitaciones públicas, podrían afectar mucho al gobierno.

Pan y circo

Aunque caro, el pueblo ha tenido pan. En cuanto al circo, el juzgamiento en la prensa o lawfare de los imputados en casos de corrupción mantiene a las masas entretenidas, aunque preocupa que casos como los de Odebrecht, Tucano y otros se desvanecen sin condenas ejemplares.

La misma clase media adicta a redes sociales que encumbró a Abinader, ha demostrado en otros países una lealtad díscola, mecha corta ante inconformidades y labilidad política. Abinader necesita asegurar que su noviazgo con la opinión pública lo lleve al altar de la reelección.

Quizás las esperanzas de Abinader de lograr un merecido segundo período dependen más de cuanto logre en los próximos 24 meses que de su desempeño bastante bueno en la primera mitad del período.

Su tendencia a evitar críticas o conflictos revirtiendo decisiones puede haber funcionado hasta ahora, pero quizás necesita mostrar mayor control de su propio gobierno, especialmente en las áreas de la seguridad pública, la educación y la energía.

Con una oposición anémica, dividida y vapuleada por escándalos de corrupción, cuyos líderes son ambos expresidentes peledeistas enemistados entre sí, la reelección sólo fracasará si Abinader insiste en sus errores y no fortalece sus aciertos.

La fórmula no parece difícil, pero requiere arduo trabajo, incluso hacia adentro de su propio arisco partido.