La defenestración del ministro de Salud Pública, sin nombrar sustituto, tiene a muchos políticos como palomas en zinc caliente.


Salen encuestas cuyos beneficiarios se apuran en publicar, procurando demostrar que aportan popularidad al gobierno.


En el gabinete hay ministros más admirables que otros. Uno que resalta entre los primeros es David Collado, de Turismo.


Cuando fue candidato a alcalde hace cinco años lo adversé creyendo que no convenía y he confesado varias veces que estuve muy equivocado. Sus logros y estilo dejaron a su antecesor como un enano del paleolítico. Los jeans y camisa blanca, más que simple moda, pasaron a significar cercanía con los munícipes, sencillez adoptada por importantes líderes.


Mitofsky y otras encuestas mostraron que su aprobación pasaba del 90%, sin precedentes para ningún síndico.


El PNUD y las asociaciones empresariales y juntas de vecinos reconocieron la transparencia administrativa y eficacia del Cabildo, que actualmente aplica Collado en el ministerio. Ahora su rapport excelente con el presidente Abinader, y su desempeño, ponen verdes a sus habituales envidiosos. ¡Cuánto sufren!