Por fuera, Tranquilo luce tranquilo, sosegado, parsimonioso…

En apariencia no tiene nada de teatral y si mucho de apacible. La “música” no la tiene en la superficie. Exhibe modestia y austeridad. Ni siquiera muestra ínfulas intelectuales.

En lugar de pronunciar discursos prosopopeyicos, carretillea en forma simplona.

Contrasta en estilo con aquel León fantasmoso, lo que coyunturalmente le favorece. Parece cercano y terrenal. No dice ser “El destino” ni se auto-presenta como “El líder”.

Todo eso es verdad, pero ya quiere reelegirse.

Otra cosa es lo que se le mueve por dentro hasta que “se le sale el cobre”.

Concentra las más elementales decisiones.

Asiste a todas las inauguraciones y corta todas las cintas.

Y para colmo, ha sustentado –nada más y nada menos que en el marco de la FAO- la tesis de que sus “visitas sorpresas” semanales a comunidades rurales, mejor conocidas como su “brincadera de charcos”, tienen las características de modelo referencial de desarrollo a escala global; apropiado para transformar sociedades con profundas desigualdades en “sociedades de clase media”(¿ a dónde irán a parar Vicini, Bonetti, Villeya, Diez y Estrella… y los Rua, Leoneles y Gatos Félix), sin abolir el capitalismo, ni siquiera el neoliberalismo. Tesis genial de un genio tranquilo, sosegado, modesto y nada teatral.

Tranquilo proclama “corregir lo que está mal”, dejando todo –o casi todo- igual y hasta peor: salarios-precios, salud pública, seguridad social, sistema de pensiones seguridad ciudadana, narco-corrupción, tasa de cambio, deuda externa e interna, dependencia, saqueo, primera dama; depredación y contaminación minera y de otras índoles; sistema eléctrico y apagones, transporte, discriminación anti-haitiana, criminalidad policial, impunidad, insalubridad,  escasez de agua potable y abundancia de aguas residuales y podredumbre…

Tranquilo se compromete a “corregir lo que está mal” en la manera de hacer política y prosigue con la práctica del clientelismo, la compra de partiduchos sanguijuelas y de dirigentes sociales, el reparto del Estado y sus instituciones, la protección de los funcionarios corruptos de administraciones anteriores, la dinastía de los Vichos, la hipertrofia buro-tecnocrática, el generalato corrupto, el presidencialismo, las ejecuciones extrajudiciales y las torturas.

Tranquilo habla de “hacer lo que nunca se ha hecho” para ponerse a hacer más de lo mismo: paquetazos tributarios, acuerdos con el FMI, privatizaciones (hasta de la comida de los presos), la salud y la educación como negocios privados, protección de las estafas ARS y las AFP privadas, continuación de los TLC, intervenciones nefastas del FMI y el BM, ampliación del ITBIS, asistencialismo, exenciones y privilegios escandalosos, manejo de los combustibles como fuentes de impuestos; subordinación al CONEP, la CAMARA MINERA, la CAMARA AMERICANA DE COMERCIO, incluso en casos tan vitales como el de Loma Miranda; continuidad de la dictadura institucionalizada y obstrucción de la necesidad de una ASAMBLEA CONSTITUYENTE POPULAR Y SOBERANA.

Su modestia y su austeridad no alteran las sumas fabulosas que se gastan en publicidad ni la costosa asesoría de imagen para dorar  su personalidad política y su gobierno, con fines de perpetuación, dándoles apariencia de verdades a las mentiras.

Se nutre del contraste entre su forma de ser y la del León, pareciéndose en lo esencial cada vez más a él… pero con el estilo cauto y enigmático -y la carita de yo no fui- de Balaguer.

Tranquilo, tranquilamente se apresta a modificar la Constitución, pero solo para seguir siendo el presidente del poder temporal de una partidocracia pervertida al servicio del poder permanente del gran capital.

Tranquilo nos clava el cuchillo tranquilo, apaciblemente…gerenciando las tres dictaduras mezcladas: la de clase, la política y la mediática.

Tranquilito…hasta que  esto estalle y entre el pueblo con sus pies descalzos al Palacio, organizado en comunas y cantando para que llueva café y miel en el campo.