Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”,

(Mateo 5:8), afirmó el Señor Jesucristo. ¿Cuáles son los hombres de limpio corazón? ¿Cómo puede un hombre limpiar su corazón?  El término corazón se usa figuradamente en las Escrituras para designar el centro, la totalidad o la esencia de todas las cosas o actividades. En particular se refiere al centro de la personalidad del hombre.

 

El pecado es el que ha contaminado el corazón del hombre, y su personalidad está en total desarmonía con Dios. Los hombres de limpio corazón son los que están en sintonía con la voluntad de Dios, que han limpiado su alma con la sangre de Jesucristo el Hijo del Dios viviente, han nacido de nuevo y son guiados por el Espíritu Santo. En esa parte espiritual, fuente de los sentimientos y las acciones, es donde Cristo obra, cuando el hombre está dispuesto a entregarle su corazón.

Jesús dijo: “No lo que entra en la boca, esto  contamina al hombre. Pero lo que sale de la boca, del corazón sale, y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre, pero el comer con las manos sin lavar no contaminan al hombre”, (Mat. 15: 11, l8-20).

En anatomía, corazón, es el órgano muscular hueco que recibe sangre de las venas y la impulsa hacia las arterias. El corazón humano tiene el tamaño aproximado de un puño.

Cuando vemos una persona bondadosa, con sentimientos nobles, se suele decir que es una persona de buen corazón. Pero si la persona es de sentimientos perversos, la tildan de mal corazón. En el aspecto sicológico, el término corazón significa el centro o el foco de la vida. El corazón es la fuente de los motivos, de las pasiones y de los procesos mentales, por eso Jeremías dice que “engañoso es el corazón” (17:9).

El corazón y el alma son interpretados, como el lugar de donde surgen los sentimientos y las pasiones humanas. El alma, en muchas religiones y filosofías, es el elemento inmaterial que, junto con el cuerpo material, constituye al ser humano individual. En general el alma se concibe como un principio interno, vital y espiritual, fuente de todas las funciones físicas  y en concreto de las actividades mentales.

En el Antiguo Testamento, los conceptos corazón y alma se utilizan en Proverbios 2:10-11: “Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere grata a tu alma, la discreción te guardará”, es decir, que es fuente de sabiduría y emociones, así como fuente de la voluntad, de acuerdo con Deuteronomio 6:5: “Amarás  a Jehová tu Dios con todo tu corazón”.

En el Nuevo Testamento, la palabra corazón tiene un uso sicológico y espiritual más amplio que en el Antiguo Testamento. Cristo y Pablo usan el término para referirse a la fuente o asiento de los sentimientos, deseos, esperanzas, motivos, voluntad y percepciones intelectuales. El hombre se comporta según su corazón. Dios conoce ese centro vital y no se deja engañar por las apariencias externas. Dios puede limpiarlo: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio”; y recrearlo: “Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ez. 18:31).

Tratándose de de la fuente de todos los deseos, el corazón debe guardarse con todo cuidado: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”; (Prov. 4:23), y encaminarse en los senderos de justicia: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”, (Prov. 23:26).

Amigo lector, Cristo subraya la importancia del estado del corazón cuando dice “los de limpio corazón…verán a Dios”,  (Mat. 5:8). Y para Pablo el hombre puede comprender y experimentar el amor de Dios, solo cuando Cristo habita en el corazón por la fe (Ef. 3:17). Es la paz de Dios lo que guardará el corazón del hombre, principio importante de salud mental. Apreciado amigo sólo Cristo puede transformar tu corazón. Que Dios te bendiga.