Hoy deseo abstraerme de la política cotidiana y sus crecientes inmundicias para abordar un tema que la crisis capitalista mundial, las rebeldías sociales y político-sociales que ella genera el decadente capitalismo neoliberal en muchas parte del mundo y la necesidad de nuevas revoluciones, catapultan al presente y al futuro próximo; pese a ser considerado por la vocería predominante como un tema del pasado, supuestamente sepultado por el “discurso único” neoliberal y su gravitación sobre las izquierdas que se ablandaron y/o renegaron de conceptualizaciones imprescindibles para superar este mundo injusto y opresor.

Me refiero a la cuestión cardinal de la organización de los/as revolucionarios/as, de la vanguardia transformadora con capacidad de articular, hacer confluir, contribuir -desde la ciencia y al compás de las luchas- a elevar la conciencia y organización política de los pueblos y a convertir progresivamente en factor de poder a todos los sujetos sociales dominados, oprimidos y explotados por el capital.

Hablo de una vanguardia política revolucionaria en general, no solamente de una vanguardia obrera o de la clase obrera, porque las fuerzas del trabajo, las clases, sectores de clases y movimientos y actores sociales explotados, oprimidos y excluidos por el capitalismo en nuestra América y el mundo de hoy son mucho más diverso que el movimiento obrero industrial y, a veces, por períodos, algunos de ellos resultan ser más combativos que éste.

Hablo de una vanguardia compartida, unitaria, colectiva..., articuladora de las diferentes corrientes antisistema, antiimperialista, anticapitalista; portadora de un proyecto antineoliberal, pero también poscapitalista.

Me refiero a una fuerza conductora que le imprima cohesión, sentido político y vocación de construcción de poder a los movimientos y a las luchas de las clases explotadas, sectores oprimidos, fuerzas sociales excluidas, discriminadas, pueblo empobrecido y otros sectores sociales.

Me refiero a una fuerza política que pueda devenir en conductora de una gran parte de la sociedad, por la conciencia transformadora que es capaz de crear en su seno, por la organización que construye, por las técnicas que domina, por las formas de lucha apropiadas que impulsa y generaliza, por la capacidad tecno-científica, teóricas y política capaz de trascender sus propias fronteras.

Sí, por su sabiduría para crear, construir, desarrollar y tomar el poder; su capacidad para derrotar al enemigo, ya sea por su poder disuasivo o por su fuerza confrontativa en todos los terrenos.

Por su autoridad política y moral ganada en gran parte de la sociedad; por lo que Antonio Gramsci llamó la hegemonía como autoridad bien conquistada: simpatía, organización y poder  de convocatoria, liderazgo....

Vanguardias sin esos requisitos no son tales. Son aparatos políticos desvinculados del pueblo y de las clases y sectores dominados, explotados y oprimidos.

Por eso la condición de vanguardia no se decreta, sino que se gana; se conquista a través de un proceso de lucha e inserción en las bases de la sociedad, a través de una autoridad política sustentada en el respaldo voluntario de las fuerzas sociales alternativas.

Selección, Organización, Conciencia

El concepto vanguardia implica selección, formación, organización de lo más conciente, superación de lo espontáneo; conocimiento de la realidad, dominio de métodos de trabajo y los procesos de relación con el pueblo, capacidad de análisis científico, técnicas de investigación y de lucha, acumulación de conocimientos, recursos humanos y medios técnicos que posibiliten disputar poder y hegemonía en la sociedad civil, y en el Estado. Recursos y medios para librar las luchas civiles y militares, materiales y ideológicas necesarias.

En sociedades como las nuestras, todas las clases explotadas, todo el bloque social dominado no puede acceder espontáneamente a ese nivel cualitativo. Es preciso primero organizar y formar lo más avanzado, sin desvincularlo del sujeto popular, sin separarlo del pueblo trabajador, de los movimientos sociales (feministas, juveniles, artísticos culturales…), de las clases y sectores excluidos y dominados por el sistema imperante; sin abandonar la relación directa con la cotidianidad de la gente, con sus luchas, con sus necesidades y anhelos.

Vanguardia Capitalista

La necesidad de ese tipo de organización, la cual puede tener variadas formas y modalidades (según  las circunstancias, los tiempos y las condiciones concretas en cada sociedad o región), tiene relación con el hecho de que el orden opresor tiene su propia vanguardia conductora, sus propias fuerzas organizadas, calificadas y concientes para defenderse y reproducirse y atacar a sus adversarios.

Sí, el capitalismo y el imperialismo actuales tienen sus vanguardias para ejercer dominación: una vanguardia con un discurso esencialmente único, con una ideología dura (la neoliberal), con estructuras militares, con poder mediático, con capacidad tecno-científica, con medios materiales y espirituales, con capacidad de construir hegemonías y de reciclarlas.

El imperialismo y el capitalismo del siglo XXI han conformado su poder a tono con sus intereses y necesidades, procurando siempre reproducirlo y renovarlo a costa de una gran parte de la humanidad; recurriendo incluso a su estrategia de guerra global.

La Vanguardia Antípoda

Esto no puede ser enfrentado sin pensar en la vanguardia antípoda y en el poder antípoda.

Esto necesitará contrapartidas que no pueden ser solo movimientos sociales, rebeldías sociales y culturales espontáneas o con conciencia limitada a lo reivindicativo, fuerzas políticas ajenas a la construcción de poder alternativo o imposibilitadas de asumir la totalidad de la insumisión y las rebeldías necesarias; necesita de fuerzas de vanguardia modernas, de hegemonías alternativas y de Estados y sistemas políticos capaces de convertirse en palanca de transformación de estas injustas sociedades.

Y las nuevas fuerzas políticas de vanguardia, para ser reales vanguardias de los movimientos sociales, deben asumir integralmente e imprimirle contenido político a las rebeldías clasistas, feministas, juveniles, ambientalistas- ecologistas, a las luchas de los pueblos originarios de nuestra América.

Deben ser parte, además, de amplios frentes o movimientos unitarios que encarnen los combates y las propuestas alternativas al modelo neoliberal y a las falsas democracias representativas, como forma de abrirle paso a las nuevas democracias, nuevas independencias y al socialismo del siglo XXI.

Poder y Vanguardia

Poder y vanguardia resultan esencialmente inseparables. Los que niegan la lucha por el poder, niegan la necesidad de la vanguardia.

Los que niegan la necesidad de la vanguardia revolucionaria en realidad no luchan por el poder, aunque no lo digan expresamente. A lo sumo, plantean ser gobierno dentro del mismo poder y de la actual dominación.

Y no hablo del poder de la vanguardia, ni del poder del partido, ni del poder de las izquierdas o del poder del frente amplio. Hablo del poder del pueblo, del poder de las fuerzas sociales alternativas, del poder popular y de las clases y sectores subalternos.

De un poder que no es sólo estatal (concebido como transitorio y extinguible) y que no simplemente se toma, sino que se crea y desarrolla en la base de la sociedad.

Que se construye y conforma paralelamente al existente, a su contrario, y que también precisa de un reemplazo en el Estado de la gran burguesía dependiente, comenzando por la superación del modelo de Estado y de la seudo democracia neoliberales. Y que termina extinguiéndose como resultado de un esfuerzo conciente en dirección a la sociedad comunista y a la plena libertad.

Vanguardia, Poder y Democracia

El poder así concebido es la cuestión crucial de toda fuerza que lucha por la liberación y la felicidad del pueblo, por la verdadera democracia, por la real independencia de nuestra patria chica y de nuestra patria grande, por el nuevo socialismo y la desaparición de la coerción del Estado y de este mismo, a más largo plazo.

Y esa meta es inseparable de la exigencia de construir una nueva vanguardia.

Y como se trata de una vanguardia que debe contribuir a establecer una nueva democracia, protagonizada por el pueblo, participativa, económica, política, social, multi-cultural, de género, multiétnica.... debe ser una vanguardia profundamente democrática, regida por una democracia interna que prefigure el nuevo régimen democrático.

En lugar del distorsionado principio rector del centralismo democrático, las nuevas vanguardias deben regirse por una amplia democracia interna con dirección central, procurando invertir los énfasis, salvo en casos de emergencia y en condiciones de alta represión. Y para que sus bases científicas puedan ser lo suficientemente sólidas, las nuevas vanguardias están en el deber de incorporar los extraordinarios aportes de los clásicos del marxismo y de todo el desarrollo posterior de esta teoría revolucionaria.

Nada de esto, sin embargo, es contradictorio con el apoyo en otras fuentes teóricas como la teología de la liberación, las cosmovisiones de los pueblos originarios, los aportes de los visionarios de nuestra primera independencia.

El socialismo indo-americano de José Carlos Mariategui, el pensamiento de Ernesto Guevara, el pensamiento bolivariano, martiano y zapatista –por ejemplo- resultan insoslayables para emancipar la patria grande de hoy.

Hay que llenar de savias caribeña y latinoamericana el método marxista.

Hay que analizar desde la ciencia del siglo XXI el capitalismo y el imperialismo actuales.

Vanguardias en el Siglo XXI.

Hablamos de vanguardias capaces de reivindicar y renovar el concepto de las soberanías específicas de nuestras naciones en una soberanía más grande, de carácter multinacional y multiétnica, vanguardia de las nuevas independencias nacionales y la nueva independencia continental.

Se trata precisamente de una vanguardia que sea capaz de defender la pertinencia estratégica de un nuevo socialismo, lo cual exige de un proceso de recreación del proyecto revolucionario respecto a los modelos estatistas-burocráticos que colapsaron en el siglo XXI.

Sólo así puede superarse dialécticamente la derrota estratégica sufrida por los socialismos del siglo XX y dotar a esta nueva época de un nuevo mito revolucionario.

Las vanguardias de las democracias participativas, de la nueva independencia y el socialismo del siglo XXI, deben  ser vanguardias del pueblo trabajador y de los pobres, vanguardias indígenas, vanguardias feministas, vanguardias ecologistas y fuente de juventud combativa.

Las capacidades innovadoras de los pueblos son inagotables. ¿Quién iba a pensar que una organización de militares-intelectuales, de militares revolucionarios, junto a un conjunto de dirigentes históricos de las izquierdas, se iba a convertir en el principal factor de reconstitución inicial de la vanguardia política revolucionaria de Venezuela?, todavía pendiente de un proceso de avance, reflexión y reajustes en mayor escala y profundidad, siempre presente los riegos de estancamiento y regresión si no se consolida esa fuerza conductora.

Cada vez está más claro que para avanzar en las transformaciones anticapitalista en medio de la presente crisis integral del capitalismo, para crear socialismo desde la resistencia, la movilización y la indignación, se necesita avanzar en la conformación de las vanguardias socialistas necesarias para estos nuevos tiempos.