Si realmente aquí existiera el maltrato alegado, ¿por qué siguen viniendo? Sus malos políticos y diplomáticos gringos deben ocuparse más de allá que aquí y quizás irse a vivir a Haití. 

Ante la mentirosa iniquidad de la injusta presión de Estados Unidos para que complazcamos su deseo de albergar aquí a inmigrantes ilegales de Haití, respondida gallardamente por la Cancillería, es bueno recordar varias verdades.

La Gran Muralla en China dejó de ser necesaria cuando los nómadas mongoles del norte comenzaron a comerciar con los chinos en mercados a la sombra de sus fortalezas. Ayer agitadores haitianos cerraron cruces fronterizos protestando contra “condiciones indecentes” de los autobuses en que son repatriados los ilegales, los mismos que vienen de contrabando apiñados más de veinte en el baúl de carros chiquitos.

Esos rebuseros citaban la matanza de hace 85 años, para insultar al presidente Abinader comparándolo con Trujillo, que asesinó muchísimos más dominicanos cuyas tumbas se conocen, distinto a las víctimas de 1937. Haití ha matado muchas veces más a los suyos y ajenos por peores motivos.

Si realmente aquí existiera el maltrato alegado, ¿por qué siguen viniendo? Sus malos políticos y diplomáticos gringos deben ocuparse más de allá que aquí y quizás irse a vivir a Haití.