Para evitar que mi hijo de apenas ocho años volviera a referirse a mí como un “papá light” por no esperarle tres horas en el campo de fútbol, le acompañé el sábado dispuesto a recuperar mi honorabilidad y a borrar la grave percepción de progenitor superficial. Había llovido en la víspera, la grama estaba húmeda y el barro abundaba.

Bauger, el maestro, tomó los primeros quince minutos para esperar que el sol subiera, mientras una máquina para césped ayudaba a disminuir la humedad de los predios. Aprovechó el tiempo para arengar, con sentido didáctico, a chiquillos y adolescentes.

Forzosamente, los padres nos vimos implicados en una clase en la que aprecié la importancia del medio campo, un  jugador fundamental para la defensa y de extrema relevancia para los delanteros. Él es la génesis del gol, un servidor humilde y despojado de egoísmo. Posibilitar la victoria es su fin, aunque su visibilidad resulte relativamente escasa.

Este país sería otro si tuviésemos en los políticos entes que hicieran de medio campo con vocación de servicio para que la nación sea un equipo ganador a través del cumplimiento de la ley, la ética, la pulcritud, la asignación oportuna de recursos, la inversión social, la creación de empleos decentes, el pago sin mañas evasivas de los servicios públicos y de los tributos.

En otras ocasiones he dicho que en República Dominicana tenemos unos políticos financieramente emancipados que ya no necesitan mecenazgos y que, por el contrario, compiten contra los empresarios con un alto sentido de deslealtad, pues en el campo de la economía y los negocios son medio campo, delanteros, defensas y árbitros al mismo tiempo.

No me queda más que pedir disculpas públicas a mi pequeño. Me esforzaré por  no ser  más un “papá light”.

Víctor Bautista

Twitter: @viktorbautista