El primer ministro de un pequeño país en el extremo de las Antillas Menores acaba de expresar que a su juicio Venezuela debería sancionar a la República Dominicana excluyendo al país de los beneficios de su programa Petro-Caribe en caso de que el Presidente Medina se atreva a permitir la ejecución de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre nuestra nacionalidad y el registro civil.

Parecería como si el economista y abogado izquierdista doctor Ralph E. Gonsalves, premier de San Vicente y Granadinas, careciera de suficientes problemas en su espléndido país de 18 por 11 kilómetros de extensión, poco menos de 390 kilómetros cuadrados si se incluyen todos los islotes, cuya población total apenas alcanza 120,000 habitantes.

Este estado caribeño de raíces francesas y británicas, ubicado al Sur de Santa Lucía y al Oeste de Barbados, se independizó del Reino Unido en 1979, aunque el jefe del Estado sigue siendo la reina Isabel II, pues San Vicente es parte de la mancomunidad británica. Pero allá manda Gonsalves, desde 2001, y su pueblo le llama “Camarada” o “Tío Ralph”.

Cualquiera se pregunta a qué viene que el tío Ralph, o camarada Gonsalves, agreda tan estúpidamente a los dominicanos, manifestando por sus declaraciones un evidente desconocimiento de la sentencia y sus alcances. Una explicación pudiera ser que la claque pro-haitiana ve la ocasión propicia para promover su activismo político, como cuando recientemente el propio Gonsalves propuso que las naciones europeas paguen a los países caribeños una compensación económica por el daño o expolio que representó la esclavitud.

El carácter de los vicentinos tiene motivos para ser pugnaz, pues esa isla estuvo habitada por indios caribes que a diferencia de los tainos, que se murieron todos o se dejaron matar, mantuvieron una guerrilla contra franceses y británicos que impidió la colonización hasta 1719, dos siglos más tarde que en el resto de las Antillas.

Me preguntaba a qué viene que Gonsalves se ocupe de la sentencia constitucional dominicana cuando es notorio que tiene ante sí suficientes asuntos internos, como varias acusaciones en contra suya por abuso sexual en la capital vicentina de Kingstown, una de las cuales ha sido desestimada por jueces colegas suyos.

¿Podrá este país mas chiquito que Villa Duarte o Los Alcarrizos, cuya población total es menos que los dependientes de la nómina de nuestra Cancillería, estrujarnos internacionalmente? Dirá el camarada Maduro…