Hace mucho tiempo que no condeaba, desde La Margarita y su Santicló vitrinado; desde los glamorosos paseos de las clases de Gazcue y Ciudad Nueva y más nadie; desde los discursos de balcón a balcón, a tres partidos por cada cuadra; desde el “¡Abajo el que suba!” del Café Sublime de todos los diletantes. Ayer, condeando,  supe que todo lo que hoy se hace para buscar turismo (remozamientos, reconstrucciones, hoteles boutiques, el puerto, la marina, Sans Soucí…) lo hacen los Vicini con sus cuartos. Entonces, olvidémonos de historias centenarias: que la Ciudad Colonial ahora se llame “Vicini Colonial City”, y punto.