La democracia requiere reporteros preguntones y transparencia de sus dirigentes. 

¿Hasta dónde es legítimo que personalidades, con responsabilidad pública, escondan detalles relevantes de su vida privada? Muchos medios llevan al límite de la deslealtad al público cierta complicidad con artistas, deportistas, políticos, empresarios y similares ciudadanos, al optar por no informar sobre situaciones que son sobradamente hechos noticiosos.

El más reciente caso es el divorcio entre Leonel Fernández y Margarita Cedeño, él tres veces presidente y ella vicepresidente, ambos aspirantes a ser elegidos gobernantes. La disolución de ese matrimonio, al parecer hace meses, apenas fue confirmada este martes por Margarita. Entiendo que sea respetada la privacidad de hijos y familiares de figuras públicas, protegida legalmente si ellos eligen vivir como particulares, lejos de la lupa de periodistas o chismosos.

Pero ¿cómo es que ningún reportero o jefe de medios pudo evitar –hasta ayer— la pregunta directa necesaria ante el incesante rumor del divorcio? Es una vergüenza para la prensa que seis décadas tras ser decapitada la dictadura, dependamos aún de “Radio Bemba”. La democracia requiere reporteros preguntones y transparencia de sus dirigentes.