El resentimiento e indignación son más comunes que nunca, frecuentemente por nimiedades sin demeritar causas reales como corrupción e inseguridad. Quizás es por la híper-comunicación de redes sociales, medios excelentes para expresar sentimientos o denuncias. En su libro “Identity”, Fukuyama atribuye el resentimiento a una frustrada aspiración a una idealizada dignidad humana.

El resentimiento e indignación son más comunes que nunca, frecuentemente por nimiedades sin demeritar causas reales como corrupción e inseguridad. Quizás es por la híper-comunicación de redes sociales, medios excelentes para expresar sentimientos o denuncias. En su libro “Identity”, Fukuyama atribuye el resentimiento a una frustrada aspiración a una idealizada dignidad humana.

La mayor acusación al gobierno es precisamente la impunidad de corruptos. Por ella y la efervescencia digital, el PRM se cree tan cerca del poder que andan confiadamente orondos. Proclaman que corrompidos son sólo los “comesolos” del PLD (no ellos ni sus nuevos amiguitos del FUPU).

Olvidan que las políticas económicas del gobierno, que sus nuevos economistas aseguran continuarían, han resultado en que según el Banco Mundial somos el país número siete, de 18, con menos pobreza en Latinoamérica, con potencias como México, Colombia, Perú y Brasil con más miseria que nosotros; once están mucho peor. Millones de votantes indignados quizás se preocupen, al votar, por este auténtico bienestar, más que por la denunciada corrupción, por resentidos que estén.