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Optar por Marx siempre abierto a lo nuevo

La recolonización neoliberal capitalista, lejos de corroer la espada de combate de Bolívar, la tornó más recia y afilada, al tiempo que ha actualizado el imprescindible carácter continental y mundial del proceso liberador. El internacionalismo revolucionario de Marx y Lenin.

El derrumbe del muro aquel no pudo aplastar ni a Marx, ni a Lenin: resurgieron de sus escombros.

Las profundas reflexiones de León Trotsky sobre el Estado burocrático, negador del socialismo, y sobre la revolución permanente, merecen ser releídas y tenidas en cuenta a la luz de lo acontecido con las revoluciones de orientación socialista en el siglo XX y, todavía, en las del XXI.

Igual pasa con Rosa Luxemburgo, Gramsci, Mariategui… que se crecen cada día y son nueva vez admirados/a cuando se ponderan sus aportes extraordinarios y se reexaminan sus obras a la luz de lo acontecido.

El proclamado fin de la historia, el anuncio del triunfo definitivo del capitalismo y la supuesta clausura de las revoluciones, tampoco han podido contener la rebeldía anticapitalista y antiimperialista simbolizada por el Che, menos aún la validez de muchas de sus reflexiones heréticas y sus agudas advertencias.

  • Continuidad y renovación revolucionaria.

La evolución para peor del imperialismo, las características de sus contra-ataques y contra-ofensivas, si bien confirma, a la vez obliga a enriquecer tesis nodales de Lenin -formidable exponente del marxismo en el siglo XX y factor clave de su desarrollo en el curso de su despliegue- sobre la concentración, composición, militarización y agresividad del gran capital monopolista, sobre su impacto ambiental y sobre la necesidad de construir vanguardias revolucionarias o fuerzas conductoras de nuevo tipo (incluso nuevas respecto a la que él concibió para llevar a cabo la revolución bolchevique), que puedan actuar como es necesario en las nuevas situaciones revolucionarias y al interior de los nuevos sujetos sociales de las revoluciones del siglo XXI.

Cierto que las mutaciones en las fuerzas del trabajo y en la composición, dinámica y acumulación del gran capital y del imperialismo como tal, han sido extraordinarias, pero no menos cierto es que las ideas de estos grandes referentes del pensamiento y el accionar revolucionario mundial viven y se entrelazan, tornándose imprescindibles también en los nuevos tiempos.

Imprescindibles pero insuficientes, obligatoriamente abierta a lo nuevo, en la medida el dominio del gran capital y sus modalidades de alienación  han sufrido esas significativas transformaciones, impactando de nueva manera los escenarios nacionales, regionales y mundial, reestructurando y mutando las fuerzas del trabajo y las discriminaciones que les son funcionales (opresión machista, racista, generacional…), y en tanto las oleadas tecno-científicas y el propio pensamiento socio-político revolucionario ha estado siempre –y más ahora que antes- impelido a renovarse en función de los cambios acaecidos al interior del sistema y de las valiosas experiencias acumuladas.

Es claro que por encima de contradicciones y desencuentros menores -y más allá de desaciertos ocasionales y situaciones imprevisibles en sus respectivos tiempos de vida- el acervo de esos pensadores y conductores revolucionarios ha reafirmado su extraordinario valor actual para nutrir en nuestra América los nuevos combates y los proyectos emancipadores de la mano de la sabia indo-afro-americana de Tupac Maru, Martí, Mariátegui, el Che…

Es claro también, que pese a sus periodos de crisis y estancamientos relativos, producto de las dogmatizaciones y cosificaciones, el pensamiento socialista basado en las ciencias y en las prácticas revolucionarias no ha clausurado su inmensa fuerza creadora y transformadora.

  • Una vuelta promisoria.

Un hilo conductor común entre patria grande liberada, igualdad de derechos de los seres humanos y países, rebeldía social y emancipación nacional; democracia como poder del pueblo, antiimperialismo, redención del yugo del gran capital, revolución democrática-socialista de liberación nacional y fuerzas conductoras combativas, los amalgama en el presente y en el futuro previsible de nuestra América y potencia su visionaria creación teórica.

Esto así, porque el capital sigue siendo una relación social sin fronteras y sin límites en sus pretensiones de explotación del trabajo ajeno, concentración de riquezas y poder, exclusión social, alienación de los seres humanos, intervenciones militares, guerras de conquistas, aplastamiento de identidades nacionales y sojuzgamiento de pueblos y etnias discriminadas.

Nuestra América ha sido una de sus grandes víctimas desde su cruel periodo de` acumulación originaria hasta nuestros días: conquista, colonización, neocolonización, recolonización neoliberal y capitalismo dependiente en sus diversas modalidades, ahora ostensiblemente gansterizado a nivel transnacional y local, al punto de convertirse en una especie de de lumpen-capitalismo subordinado a un imperialismo mafioso y pentagonizado.

Pero también el escenario latino-caribeño fue el primero en convertirse al final siglo pasado y en el despliegue del presente, en una de sus grandes fuentes de resistencia; a contracorriente del mundo conservador, emulando los tiempos en que se libraron los heroicos combates por su primera independencia e impactando a continuación el Norte de África y Europa, zonas también contaminadas por la crisis de EEUU y de otros puntos del capitalismo desarrollado.

Ahora de frente a un capital transnacional re-colonizador que pretende avasallar a costa de la destrucción de su periferia.

Ahora de frente a un centro de dominación mundial (EEUU) estremecido por una crisis sistémica multidimensional que lo torna más agresivo y militarizado que en sus primeras fases de expansión, coloniaje y recoloniaje.

Y eso explica que por aquí, al tiempo de las nuevas rebeldías sociales, vuelva Marx sobre sus pasos contra el gran capital como relación social opresiva, sobre sus crisis y sobre su evolución contra la humanidad.

Vuelva urgiendo la emancipación de la clase explotada y los pueblos excluidos a través de la revolución cultural y política, y la consiguiente socialización del poder y de los medios de producción, distribución, comunicación… Vuelva con Engels, Lenin, Rosa… clamando por el desarrollo creador, el enriquecimiento y la renovación de la gran revolución del pensamiento social que encabezaron en los siglos XIX y XX.

Vuelvan por aquí y por otras regiones del mundo, donde habitan pueblos cada vez más indignados, prestos a cortar mediante la insurgencia global si esta logra ser articulada a nuevas e innovadoras vanguardias, las cadenas que los ahorcan.

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