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Orlando: el cambio ayer y el cambio hoy

Orlando: el cambio ayer y el cambio hoy
Narciso Isa Conde

“Siempre he dicho que el problema de la república dominicana no es el de la reelección de un hombre, sino el de la reelección de un sistema de opresión.

Si un país es dirigido por un hombre que gobierna para los de arriba, que no respeta los derechos constitucionales y que entrega las riquezas nacionales a compañías extranjeras, no se hace nada por cambiarlo por otro igual.”

“Nada se obtiene cambiando un conservador por otro conservador; un mandatario de derecha por otro de derecha.”

“La opresión seguiría.”

“La represión continuaría”.

“La entrega sería la misma”.

“Lo único nuevo serían los burócratas “fresquesitos”, que con toda una vida de ambición, comiencen a ordeñar desesperadamente la vaca nacional, en un intento de igualarse con los que antes desempeñaban esas funciones.”

“Por eso no me canso de repetir que aquí no hacemos nada con cambiar un hombre por otro

“O, al menos, no hacemos nada los que no aspiramos a saquear las arcas nacionales ni tenemos la intención de desempeñar puestos públicos.”

“El asunto es crear, cada uno con sus medios y dentro de su ámbito de trabajo, una opción que garantice el cambio profundo de esas estructuras que hoy tenemos.”

“Un cambio que amplíe las libertades que hoy tenemos y hagan que surjan las libertades que hoy tenemos y hagan que surjan nuevos derechos.”

 

“Un cambio que nos traiga un régimen –de verdad, no de palabras- que gobierne casi exclusivamente para los desposeídos y si es posible solo para ellos.”

“Un cambio que saque del país a todos los vampiros internacionales que nos están chupando la sangre que poseemos.”

“Lo importante es  la no reelección de la opresión y, naturalmente, de los dirigentes políticos que la apadrinan, por que ningún sistema se produce en el aire sin representantes bien concretos y terrenales.

Es esa mi forma básica, esencial, de pensar y de sentir. (Orlando Martínez – “La reelección y el cambio pacifico”, 23 de mayo 1974 Microscopio Tomo I pags.s 151-152.

 Pareciera hoy que la historia se congeló.  Pero no es así.

Cuando Orlando escribió esos párrafos, la reelección del sistema de opresión se producía  a través o de la reelección de Balaguer y el PRSC, o de un PRD en franco proceso de derechización; después, claro está, de renegar en los hechos de su jornada estelar en abril de 1965 y del consiguiente viraje hacia el “nacionalismo revolucionario” primero, y hacia la “dictadura con respaldo popular” después.

En la continuidad de Balaguer entonces no había sorpresas, dada su historia trujillista  y dados sus primeros ocho años de gobierno, en pleno despliegue entonces de la contrarrevolución imperial y el terrorismo de Estado.

Lo visionario en Orlando -pese a la impronta relativamente liberal del PRD y a lo que ella significaba en cuanto a ampliación de libertades- fue prever, que dada la derechización del PRD en la segunda mitad de la década de los 70, su  ascenso al gobierno no implicaba cambio estructural alguno y si la “reelección del sistema de opresión” con el consiguiente proceso de degradación -y hasta balaguerización- de esa fuerza política.

A ese proceso se le agregó posteriormente la neo-liberalización del conjunto de los partidos del sistema; incluido, por supuesto, el PRD.

La aparente detención de la historia, lo que hoy le sigue dando vigencia  a la manera de pensar el proceso vertida entonces por Orlando -en armonía con el pensamiento colectivo del Partido Comunista Dominicano (PCD)- es resultado del impacto a más largo plazo de una contrarrevolución de corte imperialista, sistemáticamente  ejercida en esta isla.

Una contrarrevolución que operó negativamente sobre la principal fuerza política democrática de aquel abril y su derivada (el PLD),  siempre acompañada en el campo político de planes ejecutados para revertir totalmente el ascenso revolucionario bloqueado cruelmente por ella y liquidar por buen tiempo las posibilidades de recuperación de sus protagonistas.

Planes que afectaron también gravemente a las incipientes izquierdas marxistas del país, sometidas a políticas de exterminio, desenfocadas por inmadurez de las peculiaridades de la sociedad y del proceso nacional, atrapadas en esquemas revolucionarios euro- céntricos y pro-asiático y sometidas a técnicas inductivas de dispersión desde la “inteligencia” enemiga.

 

  • Retraso del cambio en medio de nuevas alteraciones.

La historia no se ha detenido, sino que se ha retrasado demasiado el cambio que vimos tan cerca en abril del 65.

El PRD –repetimos- se derechizó en forma geométrica.

El 14 de Junio se dispersó en innumerables corrientes y fracciones, y desapareció como movimiento político de masas; pese a la persistencia de no pocos de los agrupamientos derivados de ese tronco, la mayoría de ellos abrazados a un maoísmo dogmático.

El MPD, después de varias crisis, procuró liberarse del “colonialismo ideológico”, intentó “dominicanizarse”; y entonces logró un notable asenso, para luego descender estrepitosamente y fraccionarse, después de pactar con cierta derecha y exhibir una combatividad  poco rigurosa desde el punto de vista revolucionario y, por tanto, sumamente vulnerable.

El PSP-PCD se independizó de la tutela soviética y creció significativamente en la posguerra, pero agotadas sus energías y las condiciones propicias la  anhelada reedición de la insurgencia abrileña, optó por luchar y conquistar dignamente su legalidad y la de otras fuerzas revolucionarias, registrándose posteriormente en su interior sucesivos momentos de crisis y ciertas fases de repunte; sin alcanzar la condición de partido de masas y sin que sus loables esfuerzos y efímeros logros unitarios (FID, URC; FR) se tradujeran en ascenso significativo y permanente, sino más bien en posteriores divisiones y recaídas

El PLD surgió como ruptura “por la izquierda” del ya derechizado PRD (1973) y ha terminado imitándolo en lo peor, al punto de constituirse en uno de los dos grandes polos de la alternabilidad del sistema de opresión, cada vez mas envilecido.

Si cuando Orlando escribió el texto señalado era ya una verdad que la competencia del PRSC-Balaguer  con PRD-Antonio Guzmán apuntaba a reelegir de  todas maneras el “sistema de opresión”; ahora la competencia entre el PLD-Leonel–Danilo y el PRD-Hipólito, es algo parecido e incluso peor, dada la naturaleza absolutamente funcional al sistema de ambos polos y  los mayores grados de opresión y perversidad del bloque dominante gobernante en el contexto del capitalismo neoliberal.

El PRD y el PLD de hoy son peores al PRD del 74 y se parecen en todo lo malo al PRSC. Incluso ambos se han neo-liberalizados, aunque operan en un entorno de libertades conquistadas y no revocadas, pero si pervertidas; entorno distinto al que imperó en los doce años de Balaguer.

El PRSC en extinción ha reencarnado en estas dos principales componentes del “partido único neoliberal”, copados por la partidocracia corrompida, aliados a  la peor oligarquía  y subordinados aq un imperio decadente y en crisis mayor. Instrumentos, en fin, de una dictadura institucionalizada y de un sistema de opresión mundial re-actualizado en el peor de los sentidos.

La dilación del cambio tiene que ver con  la lenta deslegitimación de esas dos grandes fuerzas (PRD y PLD) históricamente vinculadas a las luchas democráticas y populares en momentos estelares de nuestra historia reciente; como también con las incapacidades de las izquierdas del siglo XX para remontar los efectos de estos fenómenos, superar desarraigos, reconocer  las causas de reveses y errores, renovarse en el sentido radical y aportar a crear una nueva izquierda de masas.

  • Otro cuadro se está perfilando.

Ahora las nuevas derechas entran en una acelerada fase de deslegitimación, mientras el sentimiento a favor del cambio, la simpatía por los valores de izquierda crecen sin expresión orgánica, sin liderazgo unificador, sin fuerza, conductora legitimada. Pero con un entorno continental estimulante.

Por lo que lo externado por Orlando respecto a la manera como se recicla un sistema de de opresión y como se cambia el mismo, refuerza el desafío de innovar para crear  fuerzas capaces de enterrar lo que declina y crear lo nuevo: algo diametralmente opuesto,  en forma y contenido, a las fuerzas sustentadoras o propulsoras de cualquier modalidad del sistema de opresión, que estuvimos a punto de abolir hace ya casi como 47 anos.

Eso jamás podrá ser alcanzado sin previamente entender que las fuerzas del trabajo opuesta al gran capital y  a sus sistemas y actores políticos y sociales, son  hoy mas amplias y diversas que como eran  décadas atrás.

Y que aglutinarlas, movilizarlas, convertirlas en “democracia de calle” y “contrapoder”, entraña asumir nuevos códigos, nuevas culturas políticas, nuevos programas, métodos y consignas confrontativas con este capitalismo neoliberal, especulativo, patriarcal, racista, ecocida, adulto-céntrico, militarizado… y enfrentar con mucho ingenios sus fórmulas y medios ideológicos y culturales enajenantes. En fin, nuevas formas de comunicar y generar indignación sectorial y colectiva, insubordinación y creación heroica multitudinaria; en lo que las nuevas generaciones, portadoras de nuevas energías y visiones, tendrán un papel estelar junto al sujeto popular anticapitalista.

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