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Viernes 10 de julio, 2020
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Otra desgracia

Como si no fuera suficiente desgracia nacional con la pandemia del coronavirus, ahora los residentes del Gran Santo Domingo enfrentan otro riesgo potencial para la salud por la inmensa humareda proveniente del vertedero de duquesa, que desde hace tiempo debió estar clausurado por su peligro e ineficiencia.

Como ocurre con otras muchas cosas, porque de disciplina, orden e institucionalidad estamos huérfanos en muchas áreas, es inconcebible que ese “botadero de basura” porque en la práctica no es más que eso, siga operando cuando se había fijado una fecha para su cierre definitivo.

Sin embargo, no había que ser un claro y enjundioso analista para prever que ese necesario objetivo no tenía seguridad alguna de cumplirse, ya que nunca se anunciaron ni se conocieron las medidas alternas que tenían que tomarse concomitantemente para saber dónde se depositarían los desechos sólidos.

La densa humareda provocada por un fuego que durante más de una semana se tornó incontrolable, a pesar de que las autoridades se empecinaban en afirmar que estaba controlado en un gran porcentaje, se ha convertido en un factor crucial de agravamiento para la salud, en medio de la pandemia del coronavirus.

Neumólogos y otros especialistas han explicado, con pormenorizados detalles, los serios perjuicios que este humo causa a las personas, especialmente para quienes padecen problemas en sus pulmones y otros trastornos crónicos.

El problema data de viejo porque en torno a Duquesa, su manejo operacional y su control administrativo giran muchos intereses, no todos adecuados o transparentes, lo que ha imposibilitado durante décadas que ese vertedero funcione en condiciones mínimas adecuadas, comenzando por sus vías de acceso, virtualmente intransitables, sobre todo en períodos de lluvia.

Los problemas en Duquesa comenzaron prácticamente desde sus inicios porque el relleno sanitario, que era un elemento básico para su buena operatividad medioambiental, fue descontinuado al poco tiempo y sólo reinstaurado gracias a una asistencia ofrecida por el gobierno japonés.

Desafortunadamente, por falta de disciplina y de una rigurosa continuidad, Duquesa volvió a convertirse en un vertedero a cielo abierto y el relleno sanitario quedó atrás, conjuntamente con otros programas que facilitó el programa japonés, como el aprovechamiento de gases para fines energéticos.

En este momento, las acciones tienen que concentrarse en controlar el fuego y la humareda, pero si luego todo se limita a eso, Duquesa seguirá siendo una peligrosa fuente de contaminación ambiental si las medidas coyunturales no conducen a una solución concluyente y definitiva.

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