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Pagan los inocentes

Pagan los inocentes
Mario Rivadulla

La marcha del martes convocada por el Colegio Médico Dominicano que llegó casi a las puertas del Ministerio de Salud Pública culminó en una auténtica bufonada, con el doctor Waldo Suero, alzado en brazos por algunos de sus más combativos seguidores, ensayando una fracasada pirueta acrobática con la que pretendía volar por encima de la valla que le impedía el acceso a esa sede.

Fuera de ese poco edificante episodio que no proyecta la imagen más respetable de una profesión llamada a serlo, y más de la entidad que la representa, aunque no precisamente a todos, a su dirigencia, y por extensión al sistema de salud pública del país, no hubo, por suerte, que lamentar ningún incidente de violencia. Sensatez de los manifestantes, tanto como de la fuerza pública.

Es lamentable todo lo que está ocurriendo con la huelga médica. Y más aún que no haya habido manera de sentar a la mesa de diálogo a las partes en pugna, que fue uno de los puntos expresamente acordados durante el prolongado proceso de negociaciones del acuerdo que la dirigencia médica alega se ha violado, en tanto las autoridades de salud insisten que ha sido cumplido.

Oportunidades para negociar no han faltado. Desde muy temprano, las tres prestigiosas figuras que mediaron para la firma del acuerdo se ofrecieron de manera espontánea para asumir nuevamente esa responsabilidad. Los doctores Julio Amado Castaños Guzmán y José Joaquín Puello junto al padre Jesús Castro, rector de la Universidad Católica de Santo Domingo, son garantía sobrada de equilibrio, sensatez e independencia para contribuir a buscar una salida al conflicto justa y razonable.

Lo lograron antes el Ministerio de Educación y la Asociación Dominicana de Profesores, cuando dejando de lado argumentos e imputaciones y hasta la insensata e insólita declaración de un dirigente regional del gremio amenazando con matar al ministro, se sentaron a dialogar, lista en mano, para analizar, depurar y resolver caso por caso la situación de los maestros cuyos sueldos habían sido retenidos, dejando zanjado el conflicto.

¿Cuál es entonces la razón de que el enfrentamiento entre la dirigencia médica y las autoridades de salud no puedan apelar al mismo procedimiento, sometiendo a revisión el acuerdo punto por punto? ¿Es que en el subsuelo de este conflicto intervienen en realidad otros factores de naturaleza ajena, como alegan ambos, atribuyéndose mutuamente razones políticas con vistas a las próximas elecciones para elegir la nueva directiva del gremio? ¿Cuenta más el control partidario del politizado gremio que la salud de la gente? ¿O se trata de un conflicto de personalidades, de un pulso de autoridad, de demostrar quien es más fuerte?

Cuales sean las razones y el reparto de la cuota de culpas por el conflicto que ha llevado a la directiva médica a desarrollar esta nueva jornada huelguística ¡una más en su abultado historial en el cual figura el nombre de la actual Ministra de Salud Pública¡ y que tiende a radicalizarse, llevando a que los hospitales mantengan sus puertas cerradas y médicos, enfermeras y auxiliares que se han sumado al movimiento estén cruzados de brazos, ajenos e indiferentes, fieles a las consignas gremiales, mientras quienes acuden en busca de alivio y cura a sus quebrantos de salud son rebotados sin recibir las necesarias atenciones, prolongar esta situación es humana y moralmente inaceptable. No es una situación que pueda superarse publicando comunicados en la prensa, ni ofreciendo belicosas declaraciones en los medios de comunicación, sino de sentarse a negociar cara a cara y punto por punto.

Porque a fin de cuentas, quienes realmente están pagando la factura de este conflicto que ya raya en la insensatez, es la gente inocente. A los médicos no les luce enarbolar el hacha de la guerra en vez del estetoscopio, el recetario y el bisturí, ni a las autoridades sanitarias dejar que se prolongue por más tiempo esta situación, que lesiona y deja tan mal parado el sistema de salud pública del país, que ya de por sí arrastra tan añejas carencias y deficiencias.

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