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Un país sin rumbo

Un país sin rumbo
Juan Taveras Hernández

La República Dominicana marcha sin rumbo; perdida en un mundo donde ya es difícil no encontrar el camino del desarrollo debido a los avances de la ciencia y la tecnología, de la Internet con sus redes sociales, fuentes indispensables para la comunicación y el conocimiento de un mundo cada vez más globalizado.

La Cuarta Revolución Industrial avanza de un modo exponencial creando una brecha que separa cada día más a los países pobres de los ricos; llegará un momento en que será imposible que todos se pongan a la par. Aún hay regiones que se mantiene en la “tercera revolución”; no pocos en la segunda, incluso, pues no tienen energía eléctrica, carecen de Internet y de muchas otras fuentes del conocimiento.

Los políticos dominicanos, al igual que los grupos económicos, no tienen visión; les preocupa más aumentar sus ventajas comparativas, sus fortunas, que el desarrollo en sí mismo. Las clases sociales que nos gobiernan desde hace muchos años no tienen conciencia de su papel.

Muchos países han dado un verdadero salto cuantitativo y cualitativo gracias a la visión de sus líderes políticos, empresariales y sociales que se preocuparon por la educación, la cultura y el trabajo serio y responsable. Esos grupos mostraron interés en su principal fuente de riqueza, crecimiento y desarrollo: la gente.

Para 1949, antes de la revolución, China era un país cercado político, económico, dividido, con idiomas y dialectos diversos, donde coexistían diversos modos de producción. Los comunistas, encabezados por Mao Tse Tung tenían un rumbo, una meta. Se propusieron lograr en 50 años lo que a occidente le costó cinco siglos.

Hoy China es la primera economía del mundo, una verdadera potencia. Singapur era uno de los peores países para vivir y hasta para morir; hoy es uno de los mejores para las dos cosas. Podría citar Taiwán, Correa del Sur, entre otros que en relativamente poco tiempo alcanzaron su desarrollo, lo cual no tiene nada que ver con los siglos de existencia que tenga una nación en haber sido fundada, pues si así fuera Egipto y muchos otros de Asia, Medio Oriente y África fueran los más prósperos.

La República Dominicana tiene problemas desde su fundación; sus orígenes, primando las ideas religiosas y conservadoras con la proclamación de una independencia dudosa hasta hoy, repitiendo los mismos errores una y otra vez; padeciendo dictadores ladrones, invasiones de ladrones y asesinos a los que solo les interesó desfalcar las riquezas nacionales, explotar los recursos renovables y no renovables.

La nuestra ha sido una historia azarosa. ¡Maldita!
Matamos a Trujillo, pero no a los Trujillo, ni la ideología que le sirvió de suponerte por más de 30 años. En verdad el trujillísmo sique latente en el pueblo dominicano. Trujillo sin Trujillo. Trujillo con otro nombre.

Tras la caída de la dictara pudimos dar el salto de garrocha que necesitábamos con un Estado poderoso. Pero se lo robaron; se lo repartieron los políticos y empresarios y lo dilapidaron. Hoy seguimos en el mismo caballo, pero con una montura disfrazada. Los políticos del PLD no tienen nada que envidiarles a los piratas antiguos y los filibusteros que saqueaban nuestro territorio hace ya más de dos siglos.

Los años han pasado, siglos, y la República Dominicana sigue sin encontrar su destino, soportando invasiones militares, tiranías, déspotas, ladrones, asesinos, negadores libertad y justicia, dirigido por delincuentes que jamás debieron llegar al poder.
¿Hacia dónde va la República Dominicana? Nadie parece saberlo, nadie quiere saberlo. Es un acertijo que los gobernantes de turno no quieren descifrar.

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