Este año, los creyentes celebran el aniversario número 100 de la coronación de la virgen como patrona del pueblo dominicano.

SANTO DOMINGO.- Cada 21 de enero, los dominicanos conmemoran el día de la virgen de la Altagracia. En nuestro país, para esta fecha se recuerda esta virgen y cientos de devotos católicos acuden a la Basílica de Higüey para profesar su fe a quien llaman como La Patrona de Higüey o la «madre protectora y espiritual del pueblo dominicano».

Luego de un año en el que no se permitió acceso a la Basílica, debido al impacto del Covid-19, autoridades católicas garantizaron la entrada de los devotos al templo, para dicha celebración pero cumpliendo las medidas dispuestas por el Ministerio de Salud Pública.

Según cuentan las autoridades católicas, quienes asistan deberán estar vacunados con al menos dos dosis de la vacuna o presentar una prueba PCR negativa y cumplir con el uso de mascarillas en todo momento.

Esta festividad fue declarada oficialmente en el país el 21 de enero como un día no laborable, así como de fiesta nacional y religiosa, durante el gobierno de Horacio Vásquez.

Origen de la Virgen de la Altagracia

Sobre el origen de la Imagen de la Virgen de la Altagracia existen diversas versiones, pero todas ellas se basan en milagros semejantes. Una de ellas cuenta que un colonizador vivía con su familia en una de las islas, y que acostumbraba hacer viajes para vender su ganado.

En una ocasión cada una de sus dos hijas le hizo un encargo; la mayor le pidió vestidos, cintas y encajes, mientras que la menor, que era más inclinada hacia las prácticas religiosas, le pidió una imagen de la Virgen de Altagracia. El hombre se sorprendió, pues nunca había escuchado tal advocación, pero ella le aseguró que la encontraría.

Al término del viaje, y ya de regreso, el hombre pernoctó en casa de un viejo amigo, y le comentó mientras cenaban cuán desilusionado estaba porque sólo había podido conseguir lo que la hija mayor le había pedido, a pesar de haber buscado insistentemente la imagen de la Virgen de Altagracia, la cual parecía no existir.

Al oír aquel comentario, un anciano que había pedido pasar la noche en la misma casa, y que estaba sentado en un rincón, se levantó y le dijo que sí existía la Virgen de Altagracia y que él llevaba su imagen.