Un sobreviviente del régimen, un sociólogo y un historiador coinciden en que la sociedad conserva la herencia de la dictadura.

SANTO DOMINGO.- “Dios manda en el cielo y Trujillo en República Dominicana”, es una de las frases que define la manera avasallante en que gobernó el tirano.

Y, aunque este domingo se cumplen 60 años de su ajusticiamiento, el país conserva la herencia ideológica implantada por “el jefe” durante sus 31 años de mandato.

El legado funesto de Rafael Leónidas Trujillo se  mantiene vivo. Se evidencia en la sed de “mano dura”, en el “¿Usted sabe quién soy yo?”, en el endiosamiento de los presidentes, funcionarios y mandos militares, se refleja en el “Trujillo, ven a ver” usado diariamente por quienes no vivieron la época y hasta proponen el retorno al régimen.

Esta ideología se replica en los distintos rincones del país,  pero el enriquecimiento a costa del poder, los abusos policiales y militares, así como la cultura del terror, son parte de los restos aún sin sepultar.

Para Rafael “Fafa” Taveras, sobreviviente de la dictadura,“Trujillo puede estarse riendo desde el alma si existiera otro lugar porque muchas de sus conductas se mantienen” y él es, todavía, “un residuo en el alma de los políticos”.

Dice que “su muerte representó una apertura, en el sentido de terminar con ese abusivo control del poder que tenían los que mandaban, de ese abuso del autoritarismo, por lo menos a plantearlo como una posibilidad porque en el fondo con su muerte no erradicamos ese mal”.

Opiniones similares tiene el sociólogo Cándido Mercedes, también Juan Carlos Stefan, de Historia Dominicana en Gráficas, ambos creen que la sociedad conserva genes de la dictadura.

Para Mercedes, Trujillo dejó todo una cultura enraizada en el país y los dominicanos mantienen lo que él llama “el síndrome de Trujillo el jefe”.

“La desaparición física de Trujillo no significó la destrujillización en toda su dimensión. Trujillo generó con su práctica política y su forma de dominación, una ideología. Las ideologías quedan más allá del ente, del actor físico; por lo tanto eso de “jefe” quedó. Pero además quedó porque la ruptura con el trujillismo iba a ser don Juan Bosch, pero nada más duró siete meses”, asegura.

Stefan, quien en medios tradicionales y digitales rescata la historia y la pone al alcance de nuevas generaciones, asegura que todavía quedan “corpúsculos” de esa dictadura y que el término jefe no ha muerto.

“El término jefe no murió con Trujillo por una sencilla razón: nosotros somos un país donde el autoritarismo siempre fue parte de la esencia del ADN de los dominicanos. En aquel entonces el término de “el jefe”, la forma dictatorial de cómo se manejó el país, siguió gravitando”.

Este residuo continúa seis décadas después en el pensar y accionar político, social y militar del país donde algunos replican todavía conductas establecidas en esa era.

Una de ellas es el engrandecimiento de la figura presidencial y la creencia de que el presidente puede hacer cualquier cosa, como ordenar “mano dura”.

“Esa es una proyección del trujillismo, la mano dura del jefe para acabar con todos los adversarios de él (…) la noción de mano dura no es actuar con respeto a la ley y a los otros (…) la mano dura aquí es una ausencia de la racionalidad que debe imponerse en una sociedad que con códigos reglamenta la conducta de la gente, que sanciona de acuerdo a las evidencias y las pruebas”, afirmó Fafa Taveras.

Y del otro lado está el abuso de poder, las cuñas y la impunidad de la que algunos intentan hacer gala al quebrantar leyes, cometer delitos y actuar de forma indebida.

“Tenemos a Trujillo porque si tú te agarra preso un policía porque te fuiste en rojo, tú dices ‘¿usted no sabe quién soy yo?’ porque tú eres hijo de un funcionario, de un coronel o de un general. En un estado del derecho tú puedes ser hijo del Diablo y de Dios y si violaste la ley, tú tienes que pagarlo”, narra Cándido Mercedes.

Este irrespeto a las normas, sin embargo, no es exhibido en otros países por esas mismas personas porque tienen conciencia de que en esos territorios sí serán sancionados por su accionar.

Por eso Mercedes insiste en que en el país se necesita un estado de derecho en el que las personas, sin importar su estatus económico, social, militar o eclesiástico paguen las consecuencias proporcionales a sus delitos.

Esa misma falta de consecuencias es la que da paso a actos de corrupción, considera Fafa Taveras.

“Aquí una muestra de la herencia de Trujillo es el volumen de las acusaciones que hay por corrupción. Los fiscales dicen tienen más de 400 expedientes abiertos, porque aquí los que iban al poder podían hacer lo que les pareciera para beneficiarse”, dice.

Es precisamente en el poder y en los organismos militares donde más se mantiene el pensamiento del tirano. Se han tratado de imponer algunos cambios, como dejar de llamarle “jefe” a quien dirija la Policía Nacional pero, ¿es suficiente?

Para el sociólogo Cándido Mercedes, no. “En realidad le pusieron director, pero él sigue usando la misma ropa de antes. Siguen utilizando generales, coroneles, tenientes coroneles, mayor, mayor general, la misma simbología del jefe. En ninguna parte del mundo los policías tienen ya rango, visten iguales todos, aquí no”.

De su lado, Taveras, quien vivió el régimen y actualmente se mantiene velando porque no se pierda el recuerdo de esa época, afirma que el trujillismo está en todas las instituciones, pero que entre los militares y la Policía es más agudo.

Las Fuerzas Armadas y la Policía han sido hasta ahora también, igual que la política en la era de Trujillo, una fuente de enriquecimiento, una fuente de ejercer la autoridad, una fuente para que los funcionarios negociaran hasta los ascensos”, dice.

Sin embargo, se muestra esperanzado en la sociedad actual y en que el país está listo para superar esa herencia.

“El país está abierto a una superación de esa herencia trujillista”, pero lo que más le preocupa del residuo es “que no actuemos con la rapidez y con la vitalidad que debemos actuar para barrer esa herencia porque es tan fuerte esa herencia que cualquier desliz o torpeza en la gestión administrativa le puede transferir a ellos una posibilidad de retorno”.

Para evitar que eso pase se necesita educar y crear conciencia, que la sociedad conozca su historia.

"Cuando este pueblo aprenda la sangre que costó llegar a la democracia que nosotros tenemos hoy en día… Cuando estos jóvenes de hoy en día sepan que para poder triunfar en la vida tú tienes que educarte y tú tienes que ser un ente que aporte a la sociedad, entonces esa cultura va a desaparecer del pueblo dominicano”, prevé Stefan.

Una forma de lograrlo es impulsar el único espacio del país en el que se conserva la memoria de la época: el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana.

“Hay que meterle en el alma esa herencia. Que conozcan el pasado, no para guiarse por ello, sino para poder barrer todas las condiciones del presente que permitan volver hacia atrás. El desafío es la actualidad, pero la actualidad necesita que tú conozcas lo que estuvo antes”, agrega Taveras.

Para este sobreviviente en el país no es posible una solución a medias sino que hay que reformarlo por completo.

“Este país no tiene soluciones a medias. Hay que rehacer la Policía, hay que revisar el Ejército y la Fuerza Armada, hay que hacer una justicia nueva, hay que tener una Cámara de Cuentas Nueva, hay que hacer una nueva política de construcción, de relaciones sociales, de producción y de la gestión administrativa de los recursos del estado porque no tiene madre como los funcionarios”, concluye.

Este año el presidente Luis Abinader dispuso mediante el decreto 355-21 que cada 30 de mayo sea el Día de la Libertad, por considerar que el ajusticiamiento del tirano es de los capítulos más relevantes de la historia contemporánea, con el que se puso fin al absolutismo, a las vulneraciones de derechos fundamentales y al culto a la personalidad.