Por ello, desde el inicio de nuestra gestión, nos propusimos retos importantes como es el caso de la aprobación de la nueva Ley de Aduanas, núm. 168-21, la cual es un logro alcanzado desde el pasado mes de septiembre.

Por: Eduardo Sanz Lovaton

Dios bendijo la República Dominicana de formas insospechadas. Entre muchas otras cosas, nos concedió ventajas comparativas como la de situarnos en un eje estratégico entre continentes.

El que estemos cerca de los principales mercados del hemisferio, es sin lugar a dudas un gran activo para ubicar y captar procesos comerciales a nivel internacional. El denominado “nearshoring” o cercanía entre costas, es nuestra principal fortaleza y hasta ahora, no se estaba aprovechando al máximo.

Ha llegado el momento de que esta característica que nos distingue, impacte en nuestra economía nacional de manera que nuestra media isla se convierta en el más importante centro de operaciones logísticas de toda región.

Hoy en día el país presenta avances al respecto, producto de la voluntad y el esfuerzo conjunto de los sectores público y privado, de quienes hemos sentido un gran apoyo en todas las iniciativas enfocadas a este objetivo. Con firmeza podemos decir que los centros logísticos son una realidad; somos un “hub” logístico. Ahora nos toca impulsarlo.

Una muestra clara de que somos un receptáculo de inversiones natural, es nuestra cercanía con mercados de consumo de relevancia, por ejemplo: por aire estamos a tres horas de distancia de Centroamérica; a tres horas de Suramérica; a cuatro de Estados Unidos de América y a ocho horas de Europa. Mientras que marítimamente, en un promedio de dos o tres días, llegamos a Estados Unidos y Centroamérica; de dos a cuatro a Suramérica, y en doce días a Europa.

A fin de promoverlo, el país cuenta con un sinnúmero de recursos por resaltar como nuestras infraestructuras de puertos y aeropuertos. República Dominicana dispone de ocho aeropuertos internacionales, siendo Punta Cana el de mayor tráfico a nivel nacional. Además, cuenta con 18 puertos marítimos, 14 en operación que garantizan la entrada y salida fiable, conectándonos con diversas naciones del mundo, con 90 embarcaciones semanales y más de 320 vuelos diarios.

Para nadie es un secreto el compromiso y la visión de nuestro presidente, Luis Abinader, incluso desde cuando era candidato, sobre convertir el país en el epicentro logístico por excelencia de la región y con ello robustecer el sector industrial y la economía nacional.

Por ello, desde el inicio de nuestra gestión, nos propusimos retos importantes como es el caso de la aprobación de la nueva Ley de Aduanas, núm. 168-21, la cual es un logro alcanzado desde el pasado mes de septiembre.

La consecución de la ley es un hecho trascendental, dado que actualiza el marco jurídico en materia logística y de comercio exterior, de conformidad con los tiempos actuales y compromisos internacionales asumidos, ofreciendo mayor seguridad jurídica, transparencia y ordenamiento de las operaciones de comercio exterior, eliminando la dispersión normativa y a la vez simplificando y estandarizando los trámites y procesos aduaneros. Así como también, reduciendo en gran medida la discrecionalidad que imperaba en este sector.

Entendiendo que el factor tiempo se convierte en un ente diferenciador para el incremento de la competitividad y para la atracción de nuevos volúmenes de cargas e inversión extrajera hacia nuestro país.

El pasado 1ero de junio lanzamos el programa de Despacho en 24 Horas (D24H), donde todos los importadores, sin importar su tamaño, siempre y cuando estén organizados y certificados, podrán despachar sus mercancías de importación en 24 horas o menos.

También los avances de la Ventanilla Única de Comercio Exterior, donde se han acortado significativamente los tiempos de respuesta, pasando de 6 días y 9 horas en promedio a 2 días y 15 horas en la actualidad.

La incorporación de tecnología no intrusiva ha sido prioridad para este gobierno, con la incorporación de la máquina de rayos X en el Puerto Río Haina, abarcando con el Puerto de Caucedo, más del 70% del valor de las importaciones que recibimos; adicionando también a estos aspectos tecnológicos, mejoras a nivel de motor de riesgo, alertas automatizadas, entre otras.

De igual forma, mediante la puesta en marcha de un piloto general para la entrada de carga LCL (consolidada) a las operaciones logísticas. Esta modalidad de transporte LCL (Less-than-Container-Load, por sus siglas en inglés) o LTL (Less-Than-Truckload), son modelos de envío de carga que permiten el ahorro a sus usuarios, tanto en tiempo como en costos. A la fecha, este piloto se encuentra en su fase final, en proceso de ajuste para estandarización y entrada formal a las operaciones logísticas.

Aún después de la pandemia del Covid-19, y a pesar de sus trágicas consecuencias a nivel mundial, fruto de estos y otros esfuerzos, las operaciones logísticas como porcentajes de los intercambios comerciales internacionales de bienes (importación y exportación), se dinamizan constantemente. Nos sentimos muy optimistas y apostamos al éxito de los nodos logísticos.

Sin embargo, convertirnos en el “hub” regional, requiere de una verdadera alianza público-privada, pues no sólo depende del Estado, depende de todos. Y para que estas operaciones logísticas sean eficientes, es necesario que todos los involucrados mejoremos y cambiemos la cultura de cómo se hacen las cosas.

Parecía imposible, pero nos encauzamos a un hecho sin precedentes. Estos son tiempos de cambios. Tiempos de ser cada vez más competitivos. Debemos continuar reduciendo al mínimo la burocracia y los costos logísticos de las actividades comerciales gubernamentales y privadas.

Por el país, por las generaciones por venir, estamos llamados a crear mejores condiciones socioeconómicas para generar riqueza, como única forma de combatir la pobreza. ¡Vamos!