Santo Domingo.– Aunque recibe diariamente basura, plásticos, aguas contaminadas y otros residuos, el río Ozama continúa siendo una fuente de sustento para pescadores y familias que viven en sus alrededores, mientras las autoridades impulsan nuevos planes para intentar recuperar una de las principales cuencas del país.

  • Más de un centenar de pescadores reubicados en el Nuevo Domingo Savio denuncian inseguridad y deterioro en las instalaciones.
  • Medio Ambiente identificó 99 cañadas que requieren intervención como parte del proceso de recuperación de las cuencas Ozama-Isabela.

Para pescadores como Lenin Hernández, el Ozama representa tanto un espacio para ganarse la vida como un lugar de tranquilidad. Hernández explicó que parte de lo que captura lo utiliza para su alimentación y que los peces de mayor tamaño son vendidos.

Hombre junto a una yola en un río con vegetación acuática acumulada en la orilla
Un hombre permanece junto a una yola en la orilla de un río con vegetación acuática flotante.

“Yo agarro lo pecao pa yo comérmelos… ya cuando son grandes, exagerados… de 12 o 13 libras, tú lo vendes”, relató.

Sin embargo, pescadores organizados que operan desde sus orillas aseguran que gran parte de sus capturas se realizan mar adentro. Elías Alexander López, presidente de la Asociación de Pescadores, explicó que salen desde el río hacia zonas como Palenque y las inmediaciones del aeropuerto para realizar sus jornadas.

La contaminación, no obstante, complica sus operaciones. López señaló que los plásticos, palos y otros desperdicios arrastrados por la corriente representan un riesgo para las embarcaciones.

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“Por los plásticos que bajan, toda esa contaminación que baja también… Nos atropellamos los botes con los palos y esas cosas”, afirmó.

Pescadores denuncian inseguridad y deterioro

Más de un centenar de pescadores fueron trasladados a un puerto construido como parte de la transformación del Nuevo Domingo Savio, pero aseguran que enfrentan problemas de seguridad y deterioro de las instalaciones.

Andrés Bernald, vicepresidente de la Asociación de Pescadores, denunció la presencia de personas armadas y daños a los motores de las embarcaciones. López recordó que los trabajadores tienen “millones de pesos invertidos en bote y motores”.

La realidad también golpea a las familias asentadas en sectores ribereños como Gualey parte abajo, donde residentes aseguran convivir con mosquitos, aguas contaminadas, baños improvisados y el temor constante a las inundaciones.

Belquis María Rivera aseguró estar cansada de vivir en esas condiciones y dijo que espera ser reubicada. Mientras, José Alberto Morillo describió las dificultades de permanecer en la zona y Pedro Rodríguez explicó que durante las lluvias las crecidas del río afectan parte de la comunidad.

El ambientalista Eleuterio Martínez explicó que una parte de los residuos llega al Ozama a través de antiguas cañadas que atraviesan barrios cercanos, entre ellas la denominada Cañada de Bonavides, que recibe arrastres procedentes de Guachupita.

Sin embargo, sostuvo que el río todavía conserva importantes recursos naturales. Solo en Gualey, afirmó, existen siete manantiales de agua limpia que alimentan su cauce y que podrían convertirse en espacios de bienestar y aprovechamiento turístico.

Estos manantiales son activos fijos… Un bien de la naturaleza que es capaz de generar riquezas, bienestar y un servicio que tú puedes darle al turismo”, señaló.

Una cuenca bajo presión y con planes de rescate

Por su profundidad y longitud, el río Ozama es considerado el cuarto más importante de República Dominicana. Su cuenca forma parte de la región Ozama-Nizao, donde, según estimaciones del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), para 2025 vivían más de cinco millones de personas.

Desde 2022, el Ozama se encuentra entre las cinco cuencas declaradas prioritarias para intervención, de acuerdo con el Informe GEO-2024 del Ministerio de Medio Ambiente.

Los esfuerzos de recuperación se remontan a varias administraciones. Para Martínez, cualquier proceso de saneamiento necesita dos condiciones fundamentales: voluntad política y continuidad en el tiempo, de manera que los proyectos no sean abandonados con los cambios de gobierno.

En Santo Domingo, el Ozama se une al río Isabela, lo que amplía el desafío ambiental. En 2019 fue creada la plataforma multisectorial Rescate Ozama, enfocada en reducir los residuos y plásticos que terminan en el mar Caribe.

Más recientemente, en febrero, el Gobierno lanzó el Gabinete Ozama, destinado a coordinar la recuperación integral de ambos ríos.

Medio Ambiente ha identificado 99 cañadas que requieren intervención. Una primera fase contempla seis pertenecientes a la cuenca del Isabela, además de acciones para disminuir los residuos flotantes, fiscalizar vertimientos industriales y retirar embarcaciones hundidas.

Martínez advirtió que los aceites, grasas y combustibles vinculados a algunas embarcaciones también terminan en el cauce y generan una contaminación constante.

El ambientalista consideró además que la aplicación de la Ley 98-25, junto con programas permanentes de educación ambiental, podría contribuir al saneamiento del río, al fortalecer la gestión de residuos, promover su reducción y reciclaje y establecer controles sobre plásticos de un solo uso.

Noticias SIN intentó obtener más detalles sobre los avances de las autoridades en los trabajos para recuperar la cuenca Ozama-Isabela, pero no recibió respuestas.

El Ozama nace entre las montañas de Siete Cabezas o Siete Picos, en Yamasá, y forma parte de una cuenca de más de 2,600 kilómetros cuadrados antes de bordear la Ciudad Colonial y desembocar en el mar Caribe.

Entre contaminación, pesca, pobreza y naturaleza, el río continúa siendo parte de la vida diaria de miles de personas y, al mismo tiempo, uno de los mayores retos ambientales de Santo Domingo.