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Paren eso, por Dios

Paren eso, por Dios
Mario Rivadulla

Del “Diario Libre”, copiamos esta perla del presidente de la Asociación Médica, Waldo Suero, ”Se puso-Nelson Rodríguez-, a tirar un pulso y aquí están los resultados. Los médicos están con su gremio que los protege y defiende”.

Para el inquieto y levantisco, doctor Suero, por consiguiente lo que está teniendo lugar es “un pulso”, una especie competencia personal con el director general del Servicio Nacional de Salud, donde al parecer lo más importante resulta dejar establecido cual es más fuerte de los contendientes.

Y para que no queden dudas de que la disputa es “sin límites de caídas” como en los combates estelares que ofrecía Jack Veneno en la época dorada en que la lucha libre era uno de los espectáculos de mayor rating televisivo, ya el presidente del gremio está calentando motores para la nueva huelga que en esta ocasión será de 72 horas en que los pacientes se verán privados de atenciones de salud.

La Ministra de Salud, a su vez, quien dispone de amplia experiencia en el campo de las huelgas médicas, cuando décadas atrás, ocupando la posición que hoy ostenta Suero, dirigió la más extensa de todas, ha entrado ahora en la liza, advirtiendo que el gobierno no negociará “bajo presión”. Se trata, por demás, de un reclamo justo. En toda contienda, cuando se levanta bandera de parlamento, el primer requisito es suspender las hostilidades.

Pocas imágenes de más penoso impacto que las divulgadas a diario a través de las fotos que publica la prensa escrita y las fílmicas televisivas de pacientes que acuden a los hospitales públicos y tienen que devolverse sin ser atendidos. De madres con sus criaturas en brazos y de ancianas en sillones de ruedas rebotadas, ante la indiferencia de médicos y enfermeras sujetos a la consigna gremial.

En cada ocasión, el presidente del Colegio, con inocultable satisfacción dirá que la huelga fue un éxito al cumplirse en todo el país en un 100 por ciento. No habrá, sin embargo, estadística contable para registrar la frustración y el sufrimiento de los pacientes desamparados. Ni tampoco el nivel de agravamiento de sus padecimientos por falta de un diagnóstico y una receta del medicamento que alivie y cure.

El final se puede predecir porque es siempre el mismo guión, repetido una y otra vez, a lo largo del tiempo y de cada movimiento huelguístico: el acuerdo inevitable que ponga término a la pugna, y al que quizás con un poco más de sentido racional y de menor beligerancia pudo haberse llegado desde el principio en la mesa de negociaciones. Ahora bien: de no tenderse un puente de entendimiento el paro continuaría extendiéndose. Es lo que hay que evitar.

Sobre el tapete está la generosa oferta espontánea de mediación, de quienes ya desempeñaron ese papel en la larga discusión del pacto que ahora el presidente del gremio acusa al gobierno de haber violado. En ese mismo acuerdo se convino agotar todos los mecanismos de solución de conflictos, sin afectar los vitales servicios de salud.

El padre Jesús Castro, rector de la Universidad Católica de Santo Domingo; el presidente de la Plaza de la Salud y Rector de UNIBE, Julio Amado Castaños Guzmán y el notable neuro-cirujano José Joaquín Puello ponen de nuevo a disposición su vocación de servicio, tiempo y talento para ser el puente de conciliación que ponga fin a un conflicto, que a fin de cuentas, a quienes realmente perjudica es a aquellos a los que tanto la clase médica como el Estado están más llamados a proteger.

Se imponen la sensatez; el buen juicio; el sentido humanitario. Que se busquen otros mecanismos de reclamo. No más paros hospitalarios. No más negar atención médica a quienes van en busca de alivio y de cura. No más pacientes rebotados.

Paren eso, por Dios.

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