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Perdida de agua

Perdida de agua
Mario Rivadulla

Intervenir el área protegida de Valle Nuevo para eliminar todo tipo de actividad agrícola y ganadera a fin de preservar su capacidad de generación hídrica, fue la primera medida adoptada por el entonces Ministro de Medio Ambiente, Francisco Domínguez Brito, no bien se estrenó en el cargo. Calificada por este como “madre de las aguas”, dada su enorme relevancia como tal, la acción del funcionario concitó un amplio respaldo público.

Pero además de la oportuna disposición de salvaguarda, el amplio espacio mediático que ocupó el tema, tuvo la virtud de llamar la atención sobre la importancia vital del agua, un recurso no renovable cuyas reservas potables apenas hoy sobrepasan el dos por ciento de la que alberga el planeta.

Sin embargo, salvo la persistente y meritoria campaña mantenida en este sentido por Sur Futuro a lo largo de tantos años y las voces de alertados ecologistas llamando a velar por la preservación de nuestras fuentes acuíferas y la necesidad de hacer un uso racional del preciado líquido, parecería que todavía queda un largo trecho por cubrir tanto para lograr desarrollar una conciencia de ahorro en la generalidad de la población, donde el gasto de agua resulta excesivo, como para desde el ámbito oficial implementar las políticas y ejecutar las obras requeridas en este sentido.

Prueba palpable en este último sentido es la admitida pérdida de alrededor de un cincuenta por ciento del agua servida por la Corporación de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo, la CAASD, atribuida en buena medida a las condiciones de grave deterioro que presentan las redes de distribución.

De acuerdo a los datos ofrecidos por el director general del organismo, Alejandro Montás a la periodista de investigación del Listín Diario, Lilian Tejeda,el suministro promedio diario por habitante por parte de la CAASD asciende a 426 litros, estimándose que alrededor 200 litros ¡casi la mitad¡ se pierden en el camino y no llegan a los usuarios debido a las filtraciones y roturas de las tuberías que a más de datar de una antigüedad de cuatro décadas disponen de un diámetro de apenas 8 pulgadas, muy inferior, según el funcionario, al que debieran tener de entre 16 y 20.

Esto implica, además, un continuo y costoso trabajo de reparación por parte de las brigadas de la CAASD. En tanto el pasado año tuvieron que corregir 14 mil 120 averías, ya durante el presente se acercan a los 12 mil, es decir un ritmo muy superior. Esto permite suponer que cada vez es mayor y seguirá siéndolo en el futuro en tanto el sistema continúe deteriorándose por el paso inexorable de los años y no sea sustituido y modernizado. Más claro: habrá más fugas, se perderá más agua, será mucho mayor la cantidad de averías y su reparación conllevará un costo cada vez más elevado.

Lamentable y preocupante además, que pese a la importancia vital del agua tanto para consumo humano como para satisfacer las necesidades agrícolas, industriales, comerciales y de toda otra actividad productiva y la necesidad de contar con un marco legal adecuado que regule su preservación, producción y consumo, la Ley de Aguas, de la que tenemos entendido se han elaborado y entregado a las Cámaras Legislativas varios proyectos, tiene una antigüedad que ronda los veinte años, pendiente de discusión y aprobación. Se tiene entendido que intereses poderosos que pudieran resultar afectados por sus regulaciones, han estado obstaculizando su conocimiento. De ser así, se estaría incurriendo en imperdonable y culposa irresponsabilidad de la cual serían cómplices quienes le hagan el juego.

Sustituir y modernizar toda la red de distribución de agua potable para el Gran Santo Domingo debiera ser asumido por el gobierno como un tema de la más alta y urgente prioridad. Como debiera serlo también para el Congreso sacar a flote la Ley de Aguas, sobre todo tomando en cuenta que en la misma medida que las hojas del calendario continúen cayendo irán manifestándose con más fuerza los efectos del cambio climático, donde la adecuada disposición del indispensable líquido resultará de una importancia capital.

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