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Perspectiva: Barbarie inexplicable

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Un tanto distraídos y a veces agobiados por la avalancha de asuntos relativos a la política, los organismos encargados de prevenir el crimen y los ciudadanos en sentido general quizás no hemos prestado atención en su justa dimensión al creciente fenómeno social y humano que constituyen los feminicidios.

Es cierto que de tiempo en tiempo el tema es tratado en seminarios con especialistas de la conducta para hurgar sobre los elementos que desencadenan estos crímenes que tanto dolor y  perturbación están provocando en el seno de muchas familias.

A pesar de ese esfuerzo, de la importancia que los medios asignan al tema y de las ideas que aportan analistas, la realidad es que no se ha podido articular,  con un enfoque concienzudo y un eficaz seguimiento, una política que permita eliminar este flagelo o cuando menos reducirlo de forma drástica.

Desentrañar o prevenir las locuras que pueden incubarse en mentes perturbadas y que son el caldo de cultivo para cometer atrocidades como la que ha consternado a Estados Unidos y el mundo con la masacre de Orlando, es una muestra inequívoca de que estamos ante un problema complejo y que no se limita a los feminicidios y al ámbito nacional.

En ese sentido, mucha gente comienza a preguntarse: ¿qué está pasando en el mundo,  qué lleva a un individuo a disparar y matar a tanta gente que ni siquiera conoce, como hizo Omar Mateen al protagonizar ese masivo tiroteo en la discoteca, con un saldo de 49 víctimas mortales y con 53 heridos?

Salvando diferencias en tiempo y espacio y tratando de identificar por lo menos un denominador común en estas barbaridades, surge otro interrogante: ¿qué estamos viviendo en la humanidad que el odio vence el amor, la solidaridad y la necesaria convivencia civilizada?.
En el reino animal, por ejemplo, rigen normas de autoregulación y de subsistencia que llevan una especie a  atacar a otra bajo el supremo imperativo del hambre y no solo por la simple ansia de matar. Por eso se argumenta con mucha razón que  hay animales que se comportan mejor que muchos seres humanos.
Volviendo al escenario nuestro con esto de los feminicidios y a propósito de que en Santiago van cinco casos en las últimas semanas, surgen otras preguntas: ¿cómo un hombre puede asesinar a la pareja que se supone que ame; a dónde llegará  nuestro país con esta ola de violencia que luce indetenible? ¿Qué nos espera en nuestro país y a humanidad con esta oleada de crímenes por odio, resentimiento, intolerancia o incomprensión? Son preguntas que deberían tener una respuesta y para la cual lamentablemente no vislumbramos de momento acciones que puedan evitar nuevos episodios de violencia intrafamiliar.

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