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¿Cambiará la Policía?

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- El mejoramiento de la Policía en cuanto a preparación, recursos y equipamiento, pero principalmente en el crucial aspecto de la integridad de sus miembros, es una tarea pendiente que se ha venido postergando, mientras aumenta la delincuencia y la criminalidad que está supuesta a prevenir y combatir.

A lo largo de décadas, son muchas las situaciones y circunstancias que le han restado credibilidad y no pocos los anuncios y proyectos encaminados en diversos períodos para eliminar comportamientos caracterizados por excesos frente a la población e insólitos episodios en que agentes y hasta oficiales superiores se han involucrado en graves actos delictivos.

Como respuesta, en algunas jefaturas se han emprendido procesos de depuración y profilaxis que no pueden limitarse a dar de baja de forma deshonrosa a quienes incurren en tales acciones reprobables y a pesar de esos anuncios y esfuerzos han vuelto a repetirse escándalos como el que sacudió al Dican y a fiscales por el robo de un alijo de droga incautado.

Ahora el jefe policial, mayor general Nelson Peguero Paredes, ha manifestado que consciente de esa situación, es necesario realizar cambios que permitan merecer la confianza de la ciudadanía, pero él mismo reconoce que persisten lacras a lo interno que dificultan avanzar en esa dirección.

Por ejemplo, ¿cómo es posible que todavía se mantenga la vieja y cuestionable práctica de obtener ascensos y posiciones jerárquicas en la estructura policial ofreciendo grandes sumas a los jefes de turno, como acaba de revelar Peguero Paredes? Además de la denuncia, ¿qué se ha hecho para erradicar ese vicio y que no solo se detenga en las puertas de su despacho?

Es obvio, pues, que además de una nueva ley orgánica más moderna y actual y el eventual mejoramiento del salario de sus miembros, la Policía requiere profundos cambios que tienen que comenzar desde dentro y sin los cuales será difícil alcanzar la confianza de la población.

Sin una Policía idónea y bien entrenada la seguridad ciudadana no puede estar adecuadamente resguardada. Mientras el crimen encuentre allí cobijo mediante complicidades o sospechosa dejadez en algunas actuaciones, el rescate de esa confianza será tan solo una quimera.

Los diagnósticos y talleres de lo que debe hacerse para reformar la Policía se han desarrollado durante años y pueden llenar un extenso volumen. Lo que se requiere es pasar de las promesas a las acciones concretas para que las palabras no se las lleve el viento.

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