SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La corrupción es un tema de permanente interés y debe debatirse con profundidad y no solo a nivel teórico o coyuntural, sino con un genuino interés de buscar fórmulas y mecanismos para prevenir actos de prevaricación con fondos públicos.

Tal como se acaba de evidenciar con el pronunciamiento que sobre ese aspecto ha hecho el presidente Danilo Medina, precedido de fuertes cuestionamientos por sonados escándalos que él admite han constituido una mancha, todo parece indicar que será un tema de campaña.

Si fuera asumido con el nivel y rigor requerido, cosa que hasta ahora no ha acontecido, el debate sobre la corrupción puede contribuir al adecentamiento del ejercicio en la vida pública, pero no puede limitarse a señalamientos y reacciones defensivas.

En otras palabras, que un debate llevado con la debida seriedad no puede reducirse a establecer, sobre bases que serían siempre sujetas a dudas y contradicciones, qué partido o dirigente de la clase gobernante o política del país es más honrado o corrupto.

Independientemente de lo que quiera plantearse desde el gobierno, la oposición o la sociedad civil,  la gente tiene su propia percepción sobre la magnitud de la corrupción administrativa y en no pocas ocasiones ha sufrido en carne propia sus indeseables consecuencias.

Ahora la pregunta relevante es la siguiente: ¿tiene la ciudadanía suficiente conciencia crítica y responsabilidad cívica para reflejar la condena a la corrupción mediante el ejercicio del sufragio en las elecciones?

¿Puede prevenirse eficazmente la corrupción mientras, en la búsqueda del poder a como dé lugar, la clase política se nutre del transfuguismo, el clientelismo y la compra de conciencias, a la vez que se invierten sumas millonarias para promover candidatos y la justicia se tambalea en su credibilidad?

Mientras no erradiquemos la corrupción en todas sus modalidades, ese cáncer hará metástasis e  impedirá reducir de verdad la pobreza y la desigualdad social, porque el caudal de recursos que desvía a arcas particulares es dinero que se deja de invertir en provecho de la colectividad y el bien común.