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Playa Dorada y el tiempo que vuela

Playa Dorada y el tiempo que vuela

Al igual que Ulises, rey de Ítaca, soy un nostálgico incurable. Hace poco estuve en Playa Dorada y no pude evitar volver sobre mi pasado, ya que fue precisamente allá donde discurrieron entre arenas y discotecas los feriados de Semana Santa de mis lejanos años universitarios.

El Departamento para el Desarrollo de la Infraestructura Turística (INFRATUR), creado por el Banco Central a principios de la década del 70 para impulsar la entonces incipiente industria turística, financió la edificación de los primeros hoteles de Playa Dorada, que en 1980 recibieron sus primeros huéspedes con la apertura del Jack Tar, término inglés acuñado durante el Imperio Británico para referirse a sus marineros.

Le siguieron Dorado Naco, Holliday Inn, Eurotel, Villas Doradas, Heavens y otros tantos que hicieron de Playa Dorada el primer destino turístico del país. Es verdad que mientras mayor es el tiempo que hemos dejado atrás, más alto se escucha la voz que nos apremia a reconstruir lo vivido, pero la memoria exige de un incesante ejercicio para que los recuerdos no se desvanezcan.

Las urgencias laborales y los compromisos familiares, entre otras circunstancias igualmente absorbentes, me han impedido ejercitar la memoria como he debido, y por tanto, no fue mucho lo que recordé. Pero bien, en mis asomos furtivos por la ventana de aquellos años ya distantes recordé una novia que tuve y que sin grandes riesgos de equivocarme, debe haberme borrado de los fragmentos de su pasado que ella recuerda.

Con razón decía Milán Kundera que apenas retenemos una millonésima parcela de lo vivido, elección que se formula en cada uno de nosotros misteriosamente, o mejor, ajena a nuestra voluntad e intereses. Por consentimiento tácito e inconsciente, dejamos en el olvido amplios tramos de nuestras vidas, y mi regreso a Puerto Plata luego de poco más de 10 años sin ir, me lo confirmó.

Ahora bien, la Playa Dorada de mi primera juventud, cuando el volumen de mi vida pasada era aún ligero e insignificante, es distinta a la de hoy. Aunque se ha ido paulatinamente levantando de su ocaso, y no obstante lo mucho que la administración de Danilo Medina ha hecho para rescatar a Puerto Plata, falta lo más importante: concluir la ampliación de la carretera que une a esa provincia con Navarrete. De ese modo, no solo se acercaría a la Novia del Atlántico con el resto del país, sino también con los sentimientos y añoranzas de quienes recordamos sus años dorados.

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