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PN: ¿Desbordada o comprometida ?

El Jefe de la Policía Nacional-PN habló al país de como esa institución se sentía desbordada por la delincuencia, al tiempo de augurar un papel mejor en vista del moderno centro de inteligencia que concomitadamente se estaba inaugurando.

No es la primera vez que escuchamos y leemos cosas parecidas. Muchas otras los jefes policiales han solicitado y recibido equipos muy modernos, así como anunciado nuevos departamentos y reformas “salvadoras” ¡Hasta de una Policía Científica hablan!

Siempre junto a estos pantallazos proliferan los elogios a los jefes, presentándolo como modernizadores de nueva mentalidad; mientras continúan las mismas prácticas: torturas, abusos, acosos, asesinatos, asociaciones de  malhechores, extorsión, corrupción…

Recuerdo como fueron ensalzados los Candelier, Guzmán Fermín y Gómez Polanco. Ahora le ha tocado a Castro Castillo.

Sin despreciar el valor de las nuevas tecnologías y procesos de modernización, es obvio que el problema mayor de la PN dominicana es que se ha convertido en un cuerpo dominado por mafias y prácticas criminales.

Es una Policía cupular y medularmente corrupta, asociada a todas las modalidades de la delincuencia civil, independientemente de que en ella existan no pocos componentes  no comprometidos con esas prácticas. Pasa lo mismo en la DNCD.

No hay tal desborde de la PN por la delincuencia, sino que ésta se ha convertido en parte relevante de la misma: en delincuencia uniformada, funcional a la corrupción dentro de un Estado gansterizado; además de conservar su carácter militar, represivo, hostil al pueblo llano civil y desconocedor de los derechos humanos.

En su seno abundan altos oficiales formados en el abuso, el desprecio por la vida de los/as demás, el disfrute de privilegios, el robo, el enllavismo político, la ignorancia, el machismo, la vida licenciosa… E incluso muchos de los profesionalmente mejor formados usan sus conocimientos para el mal, disponen a su antojo de los equipos y medios modernos asignados, desprecian su cuido e integridad… convirtiendo esa institución en un “barril sin fondo”, donde todo se deteriora y depreda.

Su mal mayor es estructural, lo que nos lleva a desechar  los cuentos de caminos de sus jefes, a despreciar sus periódicas simulaciones y a hacer conciencia de que delincuencia uniformada no puede combatir delincuencia común, sino que se asocia a ella y la apadrina de mil maneras.

Tal realidad impone la necesidad de la  disolución de ese cuerpo irremediablemente degradado, para ser sustituido por una policía civil, democrática, bien pagada y tecnificada, respetuosa de los seres humanos y sus derechos, instruida para prevenir y perseguir el delito sin abusos; lo que a su vez no remite a la refundación de este Estado en crisis, vía una Constituyente Popular y Soberana.

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