Santo Domingo.– A diez meses del colapso del techo de Jet Set, que causó la muerte espantosa de 236 personas aplastadas, cientos de heridos, huérfanos y familias destruidas, la indolencia criolla toma forma de tragedia de similar magnitud.
¿Qué clase de conciencia hay que tener para dedicarse metódicamente a todas las inmoralidades necesarias para hacerse cómplice de los responsables, para procurarles ligerísimas penas, casi equivalentes a escandalosa impunidad?
Si logran su cometido amparados por la contempirización mediatica y política, será otra tragedia de igual horrorosa magnitud. Es una apoteosis del «nanesnaísmo».
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Los fiscales del caso corroen los fundamentos del orden social y jurídico dominicano pues, según la prensa, los imputados podrían librarse con bajísimos resarcimientos dinerarios, procurados umbrosamente por saber su inmoralidad.
Peor aún, con condenas de apenas tres años o menos de reclusión, la Justicia estaría diciendo a la sociedad que esos 236 muertos apenas merecen cada uno que sus homicidas pasen pocas horas más que cuatro días de cárcel por cadáver.
Esto es sin contar la responsabilidad penal y civil ante todas las víctimas sobrevivientes.
Una querida amiga comentó en un grupo de chat: «Duele más y da rabia que seamos tan injustos, nos rasgamos las vestiduras cuando se ´roba un pollo´, pero nos sentamos a la mesa con quienes roban salud, educación y la vida de miles de inocentes, sin causarnos vergüenza ni estupor. Ninguna pena, leve o severa, cambia ni remedia la tragedia. Pero esta criminal lenidad proyecta que aquí no pasa nada y ese antivalor cobra carta de ciudadanía, como las cédulas falsas de muchos haitianos».
Nada más que agregar… (ojalá pudiera poner el sticker que dice «¡e´to se xodió!»).