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Por favor, Señor Presidente

Por favor, Señor Presidente
Rosario Espinal

Emplear varios minutos del discurso de rendición de cuentas el pasado 27 de febrero para argumentar que la cantidad de dinero invertido en educación no garantiza la calidad de la educación fue inadecuado e inadmisible.

Primero, es obvio que la cantidad de dinero invertido en cualquier sector no garantiza la calidad, y mucho menos en educación; eso lo saben todas las organizaciones que lucharon a favor del 4% para la educación. Se necesitan también cambios cualitativos. El problema en República Dominicana es que ni se invierte lo que se debe ni se logra la calidad necesaria con lo que se invierte.

Segundo, los autores citados en el discurso que han planteado que mayores recursos económicos no garantizan la calidad deseada se han referido a países donde se hizo un aumento importante de la inversión en educación pero no se ven todos los resultados deseados. Eso no quiere decir que no se haya mejorado el sistema educativo en esos países, tampoco que esos sistemas sean tan malos como el dominicano. No hay comparación entre Francia y República Dominicana.

La lucha por el 4% ha sido una de las manifestaciones de mayor civismo e importancia de la sociedad dominicana en los últimos tiempos. Desvirtuar su objetivo con datos citados fuera de contexto y antojadizamente el 27 de febrero fue traicionar un loable objetivo.

En los últimos 6 años, la inversión en educación se ha mantenido alrededor de 2% del PIB. En una economía que ha crecido, y con una discursiva presidencial que supuestamente valora la educación, esa baja inversión es inconcebible.

En la sociedad dominicana hay una vieja tradición política e intelectual de denigrar la ciudadanía. Lo hizo Trujillo, lo hizo Balaguer, y lo siguen haciendo los gobernantes de esta época de democracia electoral. No educar, o no educar bien, ha sido un instrumento efectivo para subordinar.

Cuando se repite que “sólo la educación salva a la República Dominicana” y no se invierte lo necesario, ni se hacen los cambios de pedagogía, ni se garantiza un desayuno saludable, entonces se está asesinando la sociedad dominicana.

En pleno siglo XXI, donde sobrevivir económicamente requiere formación educativa, cualquier país como República Dominicana que no alcance un promedio de escolaridad ni siquiera de octavo curso de primaria, está destinado a naufragar en la pobreza y la criminalidad.

La corrupción de la clase política dominicana y la sed de explotación de la clase empresarial son los principales obstáculos para avanzar con las reformas educativas.

El Estado impulsa políticas que tienen como objetivo permitir el enriquecimiento ilícito de una capa político-económica a través del desfalco público, mientras impulsa otras dirigidas a mantener la población vulnerable y sin educación para ser explotada.

Por eso muchos dominicanos se van al exterior en busca de mejores oportunidades de vida, mientras el gobierno mantiene abierta la llave de la frontera para nutrir de trabajadores haitianos empobrecidos a los depredadores empresariales. Esto no lo impuso ningún país extranjero, es hechura de los gobiernos y del empresariado dominicano.

Señor Presidente, las palabras valen lo que empeña el emisor por ellas. Mientras en su gobierno se invierta tan poco en educación y los resultados de aprendizaje sean tan bajos en las mediciones internacionales, no hay cabida para auto-elogios, ni son desagradecidos quienes critican y demandan cambios para sacar la República Dominicana de la pobreza y la ignorancia.

En vez de emplear varios minutos del discurso citando autores para justificar lo injustificable, hubiese sido más honorable y democrático haberle explicado al pueblo cómo y con qué recursos se mejorará el maltrecho sistema educativo dominicano.

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