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PRD: caos histórico

Nunca el Partido Revolucionario Dominicano ha brillado por su ecuanimidad y organización.  Desde su fundación, por el profesor Juan Bosch en Cuba en el año 1939, junto a otros honorables dominicanos, ha sufrido una serie de avatares propios de partidos mediocres. Al transcurrir los años, el partido se ha dado a la tarea de crear una estela colosal de corrupción gubernamental en los diferentes momentos de la historia dominicana, quedando distante de los parámetros y estatutos  bajo los cuales  fue fundado el partido.

En el año 1970, los miembros fundadores del PRD decidieron no participar en las elecciones de ese año, porque a juicio de ellos, el clima que existía en ese momento en el país, no les garantizaba unos comicios diáfanos y correctos. Pero, el mayor líder de masas que ha tenido ese partido y el país,  José Francisco Peña Gómez, sugirió que lo oportuno sería participar en las elecciones con el fin de fortalecer la democracia nacional. Esta situación dio al traste con la división de Peña Gómez y Bosch, quien se marchó y fundó el Partido de la Liberación Dominicana.

Si el PRD  ha tenido un punto álgido de cierto respeto y concordia en cuanto a buen manejo del Estado  fue cuando salió electo presidente de la República, Antonio Guzmán Fernández, en el año 1978.  A raíz del  lamentable suicidio de Guzmán, le sucedió en la presidencia el fenecido Jacobo Majluta.  En el año, 1982 se realizaron elecciones y Majluta salió electo como candidato para las presidenciales. Llegados al año 1986, fue cuando realmente comenzó la debacle institucional de este partido, Jacobo Majluta se presentó a las elecciones y perdió de manera abrumadora ante el Partido Reformista Social Cristiano, porque otro dirigente del mismo partido perredeísta de nombre, Salvador Jorge Blanco no apoyó a Majluta en sus aspiraciones presidenciales e inició el coqueteo formal con el ex presidente Joaquín Balaguer y su pintoresco partido colorado. Jorge Blanco fue presidente del país, y dio muestras palpables de desorganización y corrupción.

Posterior,  Peña Gómez aspiró a gobernar el país en los años 1990, 94 y 98 pero sus propios compañeros de partido le hicieron la vida imposible hasta sepultarlo del todo, sumado a  un prejuicio dominante en el pueblo dominicano, que no le permitió ganar.

Iniciamos el nuevo siglo 21, con un mandato  presidencial perredeísta por el ingeniero agrónomo Hipólito Mejía, quien en el pasado, fungió como Ministro de Agricultura en el gobierno de Antonio Guzmán.  Mejía basó su campaña en promesas altamente demagógicas. Desde el inicio del  gobierno de Mejía, la situación interna  y externa del partido cambió radicalmente y éste se esmeró en hacer un gobierno a todas luces corrupto.   Los más sonados casos de toda la historia de corrupción en el país englobando a todos los partidos que han gobernado, no tienen paragón en comparación con esos azarosos años de Mejía, que dieron al traste, con una debacle económica que hundió por varios meses la situación bancaria y económica del país en el año 2003.  Cabe mencionar también, que en esos años la violencia inició su incrementó en el país, emergió el narcotráfico de manera apabullante y el desempeño de los medios de comunicación fue complicada.

En las elecciones presidenciales del 2004, Hipólito Mejía intentó reelegirse  pero el pueblo dominicano respondió y volvió a cambiar de banda y color. Pasado esto, en el año 2005, el PRD realizó un proceso de renovación interna, en el cual se escogió a sus miembros por voto universal, siendo electos para presidente del partido, Ramón Alburquerque y Secretario General de la organización, Orlando Jorge Mera. De hecho, esta nueva “etapa” del partido generó muchas esperanzas entre su militancia, por ser la primera vez que el partido escogía en veinte años a sus autoridades mediante una elección competida.  El primer error de esta nueva etapa, fue una criticada alianza nuevamente con el Partido Reformista Social Cristiano.

En ese momento, entra en escena el ingeniero Miguel Vargas Maldonado,  quien fue  Ministro de Obras Públicas en el fatídico gobierno de Mejía  y salió electo  por unanimidad como Presidente del partido.

Pasado el tiempo, y a pesar de los acuerdos de aposento, entre Vargas Maldonado y Leonel Fernández, para coordinar estrategias electorales en los comicios del pasado año y de cara al 2012, el PRD se dio de bruces en las pasadas elecciones congresuales y municipales.

Vargas Maldonado, es un dirigente que vive rodeado de viejos zorros y aves carroñeras. Le falta ganar terreno a nivel de la base del partido. En ese sentido, el díscolo Hipólito Mejía, pretender volver y  le quita terreno. Ahora, el nuevo show  es el “teatro” de firmar o no, un “pacto” que garantice la unidad entre ellos y los desmanes de siempre para la celebración de la convención XXIX del partido.

En definitiva,  al PRD le urge  una renovación gradual y constante de los lineamientos estructurales del partido y sus dirigentes, si es que quieren volver al poder.  Deben dar una imagen de unión entre sus dirigentes y su militancia. Hoy, el PRD es una jaula de leones hambrientos de regresar al poder creyendo que la población adoptará el famoso  slogan de su fenecido fundador Juan Bosch, de “Borrón y Cuenta Nueva” que tanto daño le hace a este pueblo sin memoria.

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