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Princesa de un Castillo Feudal

Princesa de un Castillo Feudal
Dominique Selman

Ser una mujer emprendedora en el Siglo XXI es muy parecido a vivir en el feudalismo. Por más que intentemos ser independientes, libres y que indudablemente las mujeres hemos logrado grandes avances ocupando puestos gerenciales e importantes dentro de grandes empresas, cuando se trata de iniciar un nuevo proyecto o querer discutir ideas que puedan competir o poner en juego lo establecido por hombres cuyas empresas tienen años funcionando de manera metódica, burocrática y, por lo general, retrógrada surge la cuestión de que si realmente las sociedades sub-desarrolladas están dispuestas a cedernos el mérito que merecemos.

El rol de las mujeres en las sociedades ya no debe ser solamente el de administrar los bienes que le provea un esposo, ni de atender las necesidades de sus hijos solamente, como si no tuvieran las mujeres las suyas propias o sus negocios no fueran tan relevantes y pudieran tener un mayor potencial de crecimiento que el de sus esposos. El tema, principalmente en los países subdesarrollados, es que cuando esto sucede, suele presentar una amenaza en la relación de pareja. En la República Dominicana, por ejemplo, un promedio de 102 mujeres son asesinadas cada año por sus compañeros sentimentales o exparejas. Más que penalizar la independencia y el crecimiento que podemos traer las mujeres a nuestras sociedades, deberían darnos la oportunidad de que nuestra naturaleza creativa pueda reformar los procesos de negocio y traer nuevas ideas a la mesa, especialmente enfocándonos en crear una nueva sensibilidad social en donde no solo prioricemos las ganancias económicas, sino que también podamos generar oportunidades de crecimiento sostenibles en el tiempo para personas cuyo acceso a la información y educación es limitada.

Parecería que hoy en día los grandes empresarios y funcionarios favorecen aún las costumbres del feudalismo, donde las mujeres debían estar sujetas a que su sexualidad fuera lo único que las habilite a obtener poder, como si no pudieran valerse por su intelecto o su capacidad de gerenciar bienes y dirigir su propio ejército. Es tiempo de que aprendamos sobre la libertad económica y la igualdad de oportunidades y dejemos de pensar que por ocupar puestos de poder tenemos algún derecho sobre la repartición de ganancias, nuestros países y de tomar decisiones sobre la vida de los demás.

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