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Prioridades para el 2012

Aunque en un país dominado por la política partidarista es previsible que este sea el tema predominante, sobre todo en un año electoral como el 2012, hay otras cuestiones que por su gravedad deberían ocupar la atención de los dominicanos y principalmente de las instancias oficiales.

Se trata, no hay duda, de la incidencia del narcotráfico, la criminalidad y la actividad delictiva en general que, a pesar del esfuerzo de la Policía y de las autoridades en general, mantiene en zozobra a la población, que día a día comprueba en carne propia la fragilidad de la llamada seguridad ciudadana.

En efecto, los hechos de violencia están a la orden del día y no se manifiestan únicamente con delincuencia callejera, ya que muchos hogares se han visto estremecidos por feminicidios y otros tipos de refriegas intrafamiliares.

En este sombrío panorama, que a veces desde ciertas esferas oficiales se trata de minimizar diciendo que se trata tan sólo de percepciones, el trafico de drogas constituye el elemento más inquietante, especialmente por la connivencias que el crimen organizado logra con su potencial económico.

Es cierto que se han asestado golpes importantes con el decomiso de alijos de narcóticos, pero frente a la ciudadanía y la opinión publica, el hecho mismo de esta recurrencia tiende a provocar mayor inquietud en lugar de tranquilizar.

En la psicología popular, que no necesariamente se guía por la lógica y la razón, se piensa de forma inevitable que cuando se informa la detección de algún cargamento de drogas, otros alijos han logrado ser transportados para el nefasto propósito que persiguen los narcos.

Una circunstancia inquietante que no ha podido ser explicada de manera convincente es la razón por la cual no se ha podido llegar hasta los “pejes gordos” que durante años facilitaron las operaciones en el país de capos que movieron grandes cargamentos de drogas hacia el territorio continental de Estados Unidos.

Mientras haya tantas preguntas sin respuestas será difícil disipar la generalizada preocupación acerca del terreno que el narco sigue ganando en el país, por encima del imperio de la ley y de la autoridad.

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