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“Quien es el Principal”

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores, esperando que con el favor de Dios se encuentre bien lo mismo que sus queridas familias.

El pecado más grande del hombre no fue si se comió la manzana o no. Eso no es el pecado. Esto es un tipo bíblico. El pecado fue el quererse hacer más grande que Dios y más poderoso que El. El gran pecado del hombre fue la desobediencia a Dios.

Nosotros los seres humanos no nos gusta obedecer ninguna ley. No nos gusta que nos digan eso no se puede hacer, y eso lo vemos a diario en nuestras leyes de tránsito. Nos pasamos con la luz roja, doblamos izquierda desde dos o tres carriles, sin importarnos que paralicemos el tráfico. Los motores se meten por los túneles y los elevados aun sabiendo que está prohibido, en fin hacemos muchas cosas más que bien sabemos que están prohibidas. Es que queremos hacer lo que nos da la gana sin importarnos la ley.

Escuche hace unos días algo que quiero compartir con Ustedes y es la historia de las herramientas. Cuentan que una vez el martillo dijo: Yo soy la herramienta más importante, porque sin mí no pueden meter los clavos en la madera. El serrucho dijo: No yo soy el más importante porque sin mí no pueden cortar la madera para después meterle los clavos. La lija dijo: Yo soy la más importante, porque sin mí no pueden lijar la madera después de cortada y clavada. El cepillo o garlopa dijo: Yo soy el más importante, porque sin mí no pueden darle forma a la madera, y así todas las herramientas fueron diciendo que ellas eran la más importante.

Todos somos importantes delante de Dios, todos valemos lo mismo. El negro, el blanco, el indio el asiático o de cualquier raza que seamos. Todos somos importantes ante sus ojos.

Nuestro carpintero con MAYUSCULA es Dios. El nos agarra a todos y según las cualidades de cada unos nos va utilizando para hacer su obra, su gran mueble. Tenemos que ser dóciles a Dios, no podemos creernos que somos más grande que El.

Cuentan que San Agustín estaba caminado por la playa y se encontró a un niño que había hecho un hueco en la arena y con su cubito iba, cogía agua del mar y la metía en el hueco que había hecho. San Austin le pregunto: ¿Qué estás haciendo?  Y el niño le contesto: Estoy tratando de meter todo el océano en este hueco. Y Agustín le contesto: No vez que el océano es muy grande y no cabe ahí en ese hueco que has hecho. Y el niño le contesto: Como tampoco cabe Dios en tu cabeza porque es muy pequeña, y ahí vino después de mucho tiempo la conversión de San Agustín.

Mis amigos, no tratemos de meter a Dios en nuestra cabecita, ahí el no cabe, porque El es tan grande que no cabria su grandeza en nuestra cabecita.

Termino con este Versículo 6. Del libro de Apocalipsis, Capitulo 19 que Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

dice: “Porque para Dios nada hay imposible”. 

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

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Comentarios

Querido Señor Ortega El principal en nuestras vidas debe ser Dios, como bien usted lo expresa. Ante Dios todos somos iguales, y la ley es para todos. Nosotros queremos vivir como chivos sin ley, hasciendo lo que nos da la gana, no respetamos a Dios. Dios lo cuide
Sr. Ray, muy cierto que queremos ser mas inteligentes y mas grandes que Dios. Queremos hacer sin que nos digan que no debemos. El ser humano no aprende por lo visto. Saludos, Carlos

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