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Quieren deslucir la fiesta

Julio Martínez Pozo.

Lo saben Hipólito Mejía, sus asesores internacionales, el estado mayor de su campaña y lo percibe la base del Partido Revolucionario Dominicano, pero también los creadores de opinión que desde atalayas enmascaradas de una independencia muy mal simulada, operan como división de avanzada del diezmado ejército pepehachista: todo se les ha derrumbado, nada evita que Danilo Medina gane las elecciones en primera vuelta con un margen holgado.

Lo han reafirmado casi todas las encuestas, Danilo gana en la intención real de votos y en la percepción, con posibilidades de seguir ampliando ventaja porque no ha tocado techo, sin embargo, Hipólito Mejía ya no compite con Danilo Medina, sino con otra variable que ha tomado un segundo lugar y a él lo ha empujado a un tercero: su taza de rechazo, que es mayor a su aceptación, situación que resulta fatal para cualquier candidato.

Conscientes de que con un Hipólito expuesto, era difícil ganarle a Danilo Medina, sus asesores ensayaron el recurso de hacer una campaña sin candidato, pero amén de que eso no encuadra con la cultura electoral dominicana, tampoco era fácil de lograr con un aspirante afectado de una patológica incontinencia verbal.

Aún alto en las encuestas, después de uno de esos viajes que se le prepararon para ahorrarles exposiciones innecesarias, e incluso beneficiado por la creencia de que había superado el comportamiento que lo llevó a legarnos una de las administraciones gubernamentales más desastrosas, se fue a una actividad con productores arroceros de Cotuí, y desde allá empezó a prevenir al país de que era la misma persona sin condiciones para ejercer la presidencia de la República, al exhortar a los deudores del Banco Agrícola a no pagar los préstamos contratados con esa entidad.

Y de ahí en adelante, la enumeración de errores es amplísima: que va a eliminar la tarjeta de solidaridad, que no la va a eliminar que la va a entregar por colores políticos; que busca votos de Balaguer y denigra a Balaguer, que se sorprende que mujeres le brincaran a Peña Gómez para besarlo porque eso era una cosa muy difícil, porque Peña era pobre, prieto y feo; que las trabajadoras domésticas son ladronas que se roban los filetes para los novios; que él tiene cosas que decir de una dama que es nada menos que la esposa del presidente de la República; que Obama es africano, pero que a parte del rol de provocador de risas, cuando se le someten a preguntas sobre sus planes de gobierno, no articula una solo respuesta coherente.

Si a esa crisis de imagen se suma el debilitamiento de la plataforma que lo sustenta, la cual no fue capaz de unir, queda claro de que se trata de una candidatura entregada a la derrota, pero ni el candidato, ni parte de su equipo se resisten a aceptar que están derrotados porque no tuvieron la capacidad de ganar, y ya no trabajan para lo imposible, que es superar al binomio del PLD, sino para deslucir la fiesta y propiciar un clima de crisis que haga necesaria una negociación.

En ese rol, la conjura mediática sería esencial. No se ha votado y ya se habla de unas elecciones que serán fraudulentas, pese a que la auditoría del padrón realizada por la OEA determinó que se trata del más confiable de América y la Comisión de Observación de esa entidad ha estado admirada del montaje de las elecciones.

Pero el resentimiento de algunos a veces es más dominante que su racionalidad.

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