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Recordemos a Benito Juárez

Recordemos a Benito Juárez
Julio Cury

Es muy limitado el número de personas que saben en este país quién fue y qué hizo Benito Juárez. Pregúntesele a estudiantes y profesores si este nombre se encuentra archivado en su memoria. Ni qué decir de las masas populares, aun sumidas en esa ignorancia secular que arrastramos. Hemos visto a través del curso de los recientes años como se han honrado figuras extrañas colocándoles sus nombres a avenidas, escuelas y plazas. Muchas de ellas -no todas– tienen derechos bien ganados al reconocimiento de nuestro pueblo, pero las hay que poseen créditos indisputables para dignificar con sus nombres cualquier monumento de jerarquía nacional. Una de esas figuras es la de Benito Juárez.

Célebre hombre de estado, de raza india, dotado de una inteligencia poco común, obtuvo en 1834 el grado de doctor en derecho, decidiendo desde entonces dedicarse al ejercicio de su profesión. En 1857, fue elegido presidente de la Suprema Corte de Justicia, cargo mediante el cual era de hecho vicepresidente del gobierno de Comonfort, quien al ser derrocado del poder por el general a Zuloaga, Juárez, jefe ya del partido liberal, se negó en nombre de la ley violada a reconocer al nuevo presidente. Se retiró entonces a Veracruz, donde en calidad de sucesor de Comonfort organizó un gobierno de resistencia.

Durante la guerra civil que estalló a causa de éstos sucesos, tampoco reconoció a Miramón, quien en diciembre de 1858 había reemplazado a Zuloaga, continuando con la tenacidad que le caracterizaba la lucha librada a favor de su patria, hasta que logró derrocarlo en la batalla de San Miguelito en el 1861. Juárez hizo entonces su entrada a la capital de México, estableciendo allí su gobierno.

Negado a pagar las deudas contraídas por Miramón, el gobierno francés envió su ejército a fin de exigirle por la fuerza al valiente patriota mejicano la reparación de sus intereses. No obstante una serie de combates, favorables casi todos a las armas francesas, Juárez no cedió y continuó con más energía la guerra, logrando finalmente expulsar las tropas invasoras. Sus enemigos, muchos, no pudieron vencer a este estadista sin prejuicios, cuya trayectoria política se destacó por su tenacidad.

Las causas de su repentina muerte nunca fueron esclarecidas, pero entiendo que los sinsabores derivados de sus generosas batallas influyeron en acortar los últimos días de su vida. Benito Juárez, constante abogador por el derecho de los pueblos a vivir libres e independientes de toda sujeción a poderes extranjeros, será homenajeado el 21 de marzo en su país con motivo de celebrarse un aniversario más de su muerte. El ayuntamiento del Distrito Nacional, con buen motivo, otorgó hace mucho tiempo el mérito que la vida y hechos de Benito Juárez reclaman: perpetuó con su nombre una calle y una plaza que nos recuerdan su fervor patriótico, pero David Collado no debería abandonar su cargo –y el 21 de marzo sería la mejor fecha- sin antes rendirle homenaje tributo al prócer mejicano que demostró valor y decoro en presencia de los ideales por los cuales vivió y murió.

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