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Recuerdo de una tragedia escalofriante

Recuerdo de una tragedia escalofriante
Recuerdo de una tragedia escalofriante

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Luego de 41 años de que un avión se estrellara en plena cordillera de Los Andes y sus pasajeros quedaran dos meses sin agua, comida o esperanza alguna de ser rescatado, viviendo con temperaturas que llegaban hasta 30 grados bajo cero, los recuerdos aún golpean la memoria de los sobrevivientes.

El 13 de octubre del 1972 el vuelo 571 de la fuerza aérea de Urugüay salió de ese país con 45 pasajeros rumbo a Santiago de Chile para llevar al equipo de rugby del colegio Stella Martis a un encuentro deportivo.

Debido a una falla humana el avión rentado por los jóvenes se estrelló en Los Andes. Murieron instantáneamente 12 viajeros por el impacto y 33 sobrevivieron, aunque algunos gravemente heridos.

La realidad era escalofriante. Sin haber siquiera visto en sus vidas la nieve y con una edad promedio de 19 años de pronto se encontraban atrapados entre montañas, en pleno invierno, varios grados bajo cero, sin comida, sin bebida, ni medicamentos.

Para Nando Parrado, uno de los sobrevivientes que impartió una conferencia sobre el hecho durante una visita a República Dominicana, el choque fue mayor pues en el avión iba su madre y su hermana menor, a las que él había invitado a un viaje. Ambas fallecieron como consecuencia del choque.

La poca esperanza que quedaba entre ellos se perdió en el momento en que escuchaban en una radio portátil, que tras 10 días de búsqueda se había suspendido la expedición. Esto les condenaba a la muerte.

Ya llevaban casi dos semanas sin ingerir alimento alguno, pero el instinto de supervivencia fue mayor. Alimentarse de los cadáveres de sus compañeros y amigos se convirtió en la única alternativa para sobrevivir.

Pero las adversidades no cesaron. A las dos semanas y medias, en plena noche, una avalancha sepultó el pedazo de avión que usaban como refugio. Dos de los compañeros lograron salir a tiempo y empezaron a sacar los demás; ocho personas murieron por asfixia.

“Logramos salir al cabo de los días tras romper una ventana con una vara. Las semanas pasaron y se convirtieron en dos meses, había que hacer algo”, recuerda Parrado.

La situación no mejoraría y los que se convirtieron en líderes de los sobrevivientes sabían que tenían que tomar decisiones.

El día número 61 salieron, con una manta cocida por ellos y una media con carne para alimentarse en el camino que emprendían al Oeste en busca de los valles de Chile. Tras días y días de caminata llegaron a la cima de la montaña más alta que habían divisado. Este fue uno de los momentos más difícil para Nando.

Cuando llegaron a la cima, solo vieron más nieve y piedras. Sin embargo decidieron que si iban a morir, lo harían caminando.

Al día número 72 encontraron a un campesino chileno, quien buscó ayuda militar. Nando regresó en dos helicópteros en busca de los 14 compañeros restantes.

Nando Parrado es hoy día un exitoso empresario, comunicador. Se casó y tiene dos hijas que completan su familia. Él viaja a través de diferentes países para compartir con el mundo su experiencia de vida.

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