Esos trabajadores/as haitianos/as tienen años laborando duro en nuestro país. Llegada la Navidad, decidieron pasar unos días de vacaciones en su país.

Salieron por el puesto fronterizo de Dajabón, donde sus nombres y señas deben estar debidamente registrados por autoridades dominicanas y haitianas en ambos lados de las fronteras.

Son 1080 en total, conocidos y asistidos solidariamente por el padre jesuita Regino Martínez, coordinador de Solidaridad Fronteriza, ser humano de gran sensibilidad social y probada honestidad personal.

Entre ellos hay 280 que portan pasaporte haitiano con visas dominicanas vencidas y 800 carentes de documentación.

A todos/as le dieron salida en esa situación, sin advertencia alguna; y todos/as, sin ton ni son, le impidieron regresar.

Visitaron su país seguros/as de que como otras veces podrían volver a trabajar en esta parte de la isla. Lo hicieron de buena fe, unos/as confiados en el nuevo visado y otros/a en la tolerancia dominicana respecto al viejo problema de documentación que arrastraban por deficiencias crónicas de su gobierno intervenido por USA.

No hubo malicia calculada. Conocen que “el Masacre se pasa a pié” y no lo hicieron. Vinieron por donde mismo salieron, a la vista de las autoridades, y no los/as dejaron pasar.

Le obstruyeron el paso alegando un problema legal fácil de resolver, dado su historial de trabajo en el país y el registro migratorio en la estación de Dajabón: no era imposible ni complejo constatar con sus empleadores dominicanos la verdad de sus palabras, menos aun revisar las listas de salida de los días navideños.

Pero esa no era la voluntad de los que ordenaron cortarle el paso con el uso de la fuerza. Ellos optaron -desde su inspiración racista anti-haitiana, neofascista por definición y vinchista-trujillista por filiación- por provocar el conflicto, a riesgo de la justa protesta que el padre Regino respaldó. Los/as agredidos/as no tenían de otra: o se hacían sentir, o sucumbían al desempleo y al hambre inhumanamente decretada. Los agresores prendieron fuego frente al local del padre Regino.

La persistente presencia masiva en el Puente de Dajabón sobre el río Masacre, interrumpiendo el tránsito, no tardó en provocar el intercambio para darle salida justa y razonable al conflicto innecesariamente gestado por una Dirección de Migración bajo control vinchista; con vieja licencia de Ladronel para comer haitianos, ratificada por Danilo.

Y hubo acuerdo entre las autoridades dominicanas y haitianas con la presencia del Presidente Danilo Medina.

Y el general Santo Domingo Clase, jefe del Cefront (guardia fronteriza y algo más) -no el padre Regino- lo anunció. El padre, líder de la escasa solidaridad dominico-haitiana, sencillamente lo divulgó.

Yo escuché al general decir: el acuerdo consiste en renovarle de inmediato el visado a los 280 con pasaportes y aprobarle las visas a los restante 800, tan pronto el gobierno de su país los dote de actas de nacimiento y pasaportes; lo que se haría rápidamente en el Consulado Dominicano de la vecina ciudad haitiana de Juana Méndez.

Eso y no otra cosa fue lo que escuché repetir minutos después a Regino y eso mismo fue tomado como pretexto para desconocer lo acordado. Neofascista al fin, consideraron una derrota ceder a lo prudente y justo.

Después ya ustedes saben: salió a vociferar contra Regino el Cardenal que odia la “chusma” mulata criolla y sería capaz de comerse asada la “chusma” negra vecina.

Pero de todas maneras no le será fácil derrotar la verdad y la justicia. Habrán de tener problemas mayores si no reculan; aunque quizás sea eso lo que persigan, no se sabe para que aventura tenebrosa y masacradora.