REDACCIÓN INTERNACIONAL.- El barrio de Wharf Jérémie, en Cité Soleil, Haití, fue escenario de una de las masacres más atroces de los últimos años, perpetrada durante el fin de semana. Según testimonios recogidos por el periódico Le Nouvelliste, el jefe de un poderoso grupo armado, Micanor Altès, alias «Wa Mikanò», lideró el ataque que dejó un saldo conservador de más de 100 muertos, en su mayoría ancianos acusados de brujería.
“Mi padre, adventista del séptimo día de 76 años, se acostó temprano tras la apertura del sabbat el viernes por la noche. Tres hombres vinieron a buscarlo alrededor de las 10. Lo apuñalaron y luego quemaron su cuerpo”, narró entre sollozos un hijo de una de las víctimas. Este desgarrador testimonio refleja la brutalidad de los hechos, en los que los atacantes recurrieron a armas de fuego y blancas, sembrando el terror en una comunidad desprotegida.
El sábado, Micanor y su grupo asesinaron a al menos 50 personas más utilizando machetes y cuchillos, según Pierre Espérance, director del RNDDH. Los cuerpos de varias víctimas fueron mutilados y quemados, dificultando un conteo exacto de los fallecidos. Testigos relatan que incluso jóvenes motociclistas, que intentaron rescatar a los vecinos, fueron abatidos.
Un acto de «purga»
Micanor justificó la masacre como una «purga» contra aquellos que, según su sistema de creencias, habían lanzado un hechizo sobre su hijo. Lugares sagrados del vodú fueron registrados y personas fueron señaladas sin pruebas para justificar los crímenes.
“No es la primera vez que este líder de la coalición de pandillas Viv Ansanm comete actos de esta magnitud. En 2021, Micanor asesinó a 12 mujeres mayores acusándolas de brujería”, recordó Espérance.
El gobierno haitiano condenó el hecho como un «acto de barbarie insostenible» y prometió justicia para las víctimas. «Cada recurso del Estado será utilizado para restaurar la paz y la seguridad», aseguró el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé en un comunicado. Sin embargo, la falta de acciones contundentes contra los grupos armados, que controlan el 85 % de la capital según la ONU, genera dudas sobre la capacidad del gobierno para enfrentar estas crisis recurrentes.
«Los testimonios de las comunidades sugieren que el número real de muertes es mucho mayor, ya que los cuerpos mutilados fueron quemados en las calles. Varios jóvenes, incluidos mototaxistas, también murieron mientras intentaban salvar a los residentes», dijo Pierre Espérance.
«Desde la masacre, Wharf Jeremiah ha sido puesto bajo un asedio informal, con estrictas restricciones de movimiento impuestas por Micanor y su grupo Viv Ansanm, que continúan atacando a los residentes ancianos y a los practicantes de vudú», dijo.
Recibe las últimas noticias en tu casilla de email