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Ritmos brasileños y la garra del flamenco unidos en una misma danza

Ritmos brasileños y la garra del flamenco unidos en una misma danza
Ritmos brasileños y la garra del flamenco unidos en una misma danza

REDACCIÓN.-  En una pequeña aula de baile en el centro de Sao Paulo, Alessandra, Priscila y André se afanan para ensamblar con esmero la garra del zapateado flamenco con la dulzura de los ritmos brasileños en una misma danza tan sorprendente como universal.

Los tres bailarines se “casaron” en 2001 para formar el “Grupo Luceros Arte Flamenco” y cinco años después comenzaron a materializar una idea que al principio parecía arriesgada: unir los movimientos del flamenco con la musicalidad propia de Brasil.

El resultado, una danza en la que no faltan las palmas, el braceo, los abanicos, la bata de cola y el taconeo, pero que en esta ocasión se mueve al ritmo de un clarinete, un bajo, la percusión y el acordeón del compositor Toninho Ferragutti, quien puso sus creaciones al servicio del trío brasileño.

En su espectáculo, “Luceros Dança Toninho Ferragutti”, se escucha la docilidad de ritmos como el forró, maracatu y chororó, pero lo que se ve es el nervio y la fuerza sobre las tablas de estos coreógrafos que se declaran “enamorados” del flamenco.

“Cogemos la danza flamenca con la música brasileña, pero al final mi forma de ser es brasileña, entonces voy a mover mi muslo de una forma más brasileña y voy a sonreír cuando nos cruzamos en el escenario porque es una música que me remite a mi vida”, afirma a Efe Priscila Grassi, de 39 años.

El tema “Na sombra da Asa Branca”, de Ferragutti, fue la primera coreografía que montaron incorporando el lenguaje del baile español y, a la postre, la semilla de lo que resultó ser después un espectáculo repleto de singularidades.

“Es una nuestra forma de vivir el flamenco”, explica Priscila.

Los tres están apasionados por el género, pero llegaron a él de formas diferentes y casi de manera casual, sin buscarlo.

Lo que para Priscila comenzó siendo una materia más dentro de su formación de ballet clásico acabó convirtiéndose en su modo de vida por la “intensidad” y la “profundidad” que desprendía.

En el caso de André Pimentel, de 44 años, fue un grabado que tenía que entregar para una de las asignaturas de la Facultad de Artes Plásticas el que le abrió las puertas de este símbolo de la cultura española.

“Por primera vez fui a una escuela de danza y justamente estaban dando clase de flamenco. Y la profesora me dijo: ‘No te quedes ahí sentado, haz la clase con nosotros'”, relata.

“Me acuerdo que ese día estaba con bermudas y deportivas haciendo una clase de flamenco y aquello fue una cosa mágica. Algo pasó en aquellos cincuenta minutos y me dije: yo tengo que entrar en ese mundo”, completa.

Entre las primeras referencias de ambos, dos de los grandes: Joaquín Cortés y Sara Baras.

En México fue donde Alessandra Kalaf, de 41 años, “se quedó loca” por el flamenco al ver en directo su primer tablao, una experiencia que le hizo cambiar sus deseos y motivaciones profesionales para siempre.

“El flamenco se apoderó de mi vida”, confiesa.

A partir de ahí, los tres se centraron en estudiar más en profundidad esta expresión artística que nació hace algunos siglos de la mezcla de las culturas árabe, judía y gitana y cuya cuna radica en Andalucía, en el sur de España.

Se formaron tanto en Brasil como en el país ibérico, al que visitaron -y aún lo hacen- para “beber de la fuente”, y posteriormente abrieron sus propias escuelas de flamenco.

En 2001 sus caminos se cruzaron para conformar Luceros: “Los tres estamos casados más tiempo que con nuestros respectivos maridos”, ironiza André.

Desde entonces, y siempre desde el respeto y la humildad, subrayan, han dejado que el cuerpo brasileño, con su propio acento y forma de expresarse, surgiese en una escena dominada por el ímpetu del flamenco.

“Lo que da verdad a este trabajo es que es una mezcla hecha con madurez. No es cualquier cosa hecha de cualquier forma porque para hacer fusión hay que conocer mucho aquello que uno está haciendo porque si no puede ser una desgracia”, apunta Alessandra.

Para André, la clave está en que ellos se sienten tan “flamencos” como un cordobés porque, al final, el flamenco “es una mezcla de razas, religiones, comidas y olores”, una definición que se ajusta de manera fiel a lo que es el propio Brasil.

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