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Rubén Blades, sencillo y majestuoso en Santo Domingo

Rubén Blades, sencillo y majestuoso en Santo Domingo
Rubén Blades, sencillo y majestuoso en Santo Domingo

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La noche estaba para disfrutarla. El cantautor Rubén Blades, parado en el escenario del Palacio de los Deportes, se mostraba dispuesto a encargarse de que así fuera. De hecho, comentó que tenía 12 años que no cantaba en Santo Domingo -mal por él, si está en la lista de los salseros de siempre para los dominicanos- y que dentro de una docena más ya no piensa estar activo.

Se presentó con traje y sombrero negros, un color del que ha hecho estilo. En el escenario no había bailarines y los efectos de luces y de pantallas gigantes estaban dispuestos para no trascender al artista, a su fuerza interpretativa, a su voz siempre fresca, ni a su sentido del ritmo.

Eso sí, una orquesta de 12 músicos, magníficos ejecutores que sonaban como de estudio, respaldaban su majestuosa actuación.

Blades convirtió el auditorio en un pequeño patio en el que un grupo íntimo de amigos celebraba una velada con las canciones de mayor predilección.

Sus anecdóticos preámbulos guiaban de la mano a la audiencia por sus más de 40 años de producción discográfica, con una muestra bien balanceada entre los temas más populares en República Dominicana y otros no tan promocionados en la radio comercial.

Iba también de sus composiciones de contenido social, como Cameleón, a las vivenciales y de amor, como Paula C, sin dejar de lado aquellas que él mismo llama malandras, como Juan Pachanta y Pedro Navaja.

En sus comentarios, defendió el arte popular como parte de la cultura y el compromiso social desde la música. Por esto último no podía faltar El padre Antonio y su monaguillo Andrés, alusivo al crimen de monseñor Oscar Arnulfo Romero, en 1980 en El Salvador.

“Espero que ahora que tenemos un papa latino se le haga justicia a Arnulfo Romero”, expresó el artista y político de 65 años.

El humorista dominicano Carlos Sánchez había hecho la apertura. Blades empezó a cantar próximo a las 10:00 de la noche y cuando el reloj marcaba las 11:20, comentó que apenas iba por mitad. A final de cuentas, fueron tres horas de entrega en el escenario.  Sin descanso ni entremés.

No fue una noche de lleno total en el espectáculo organizado por Acego y Evenpro, que contaban con el patrocinio del Banco de Reservas y Tricom. En cambio, el que asistió fue un público, no eurófico, pero sí conocedor y emotivo, que ovacionaba cada vez que lograba adivinar, por el preámbulo, la canción que venía a continuación, o cuando el intérprete panameño mencionaba a figuras como Joe Barreto y el dominicano Johnny Pacheco. Que se puso de pie para escuchar el éxito Amor y Control, de inspiración autobiográfica, y que casi deliró cuando Blades hizo un homenaje al puertorriqueño Héctor Lavoe, con el tema El Cantante.

Una mujer abandonó las gradas de la derecha para acercarse al escenario y, a costa del nerviosismo de los agentes de seguridad, entregar una bandera panameña al cantante istmeño, quien le hizo reverencia al lienzo y se lo llevó al hombro. Minutos más tarde, las pantallas gigantes proyectaban una imagen de la bandera dominicana, a la que el astro de la salsa ofrendó respeto.

Al final de tan amplio y diverso repertorio, Rubén Blades no apeló a una de sus creaciones más difundidas, de esas que llevan los ánimos a punto de ebullición y dejan a la concurrencia gritando al unísono “otro, otro, otro…” Se despidió con una de esas composiciones que reflejan su forma de ver el mundo y de ver la política y la sociedad: “Patria”.

“No memorices lecciones de dictaduras o encierros: la patria es un sentimiento como mirada de viejo, sol de eterna primavera, risa de hermanita nueva. Te contesto, hermanito: patria son tantas cosas bellas”.

De todos modos, al salir del escenario dejó a su orquesta tocando, a muchas parejas bailando y a la gran concurrencia saliendo del Palacio de los Deportes con rostros sonrientes y comentarios de satisfacción.

El espectáculo “valió cada segundo”, decía un joven a sus compañeros, camino al estacionamiento.

Fallos del concierto.

La presentación enfrentó unos breves pero persistentes defectos de sonido, que por segundos distorsionaban la voz del intérprete, al menos para una parte del anfiteatro.

Otro de los inconvenientes radicó en la deficiente señalética de los puntos de acceso al concierto.

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Ruben es uno de los grandes cantantes de salsa de todos los tiempos

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