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Rumsfeld, ex jefe del Pentágono, alardea de sus decisiones en sus memorias

Rumsfeld, ex jefe del Pentágono, alardea de sus decisiones en sus memorias
Rumsfeld, ex jefe del Pentágono, alardea de sus decisiones en sus memorias

Donald Rumsfeld

WASHINGTON, EE.UU.- El jefe del Pentágono bajo el Gobierno de George W. Bush, Donald Rumsfeld, no se arrepiente de haber conducido a EE.UU. a la guerra de Irak por las supuestas armas de destrucción masiva, ni de las torturas en la prisión de Abu Ghraib, aunque en sus memorias lamenta no haber dimitido antes.

El martes próximo saldrá a la venta el libro, editado por Sentinel, “Known and Unknown” (“Lo que sabemos y lo que desconocemos”), un título que evoca a una de las frases más conocidas de Rumsfeld.

A los 75 años, el ex luchador aficionado y capitán de la Marina de Guerra, que dirigió el Pentágono entre 2001 y 2006, atribuye a las equivocaciones de los servicios de espionaje e inteligencia el que EE.UU. invadiera a Irak en busca de armas de destrucción masiva, que nunca fueron encontradas.

Respecto a la invasión de Irak, Rumsfeld sostiene que “sin duda, y tomando en cuenta los hechos disponibles para el presidente Bush en 2003 yo hubiese tomado la misma decisión”.

Ya en septiembre de 2002 Rumsfeld había afirmado que “nadie en el mundo discute que (los iraquíes) tienen ese armamento. Todos sabemos que lo tienen. Un mono entrenado lo sabe”.

Pero ahora en el libro señala que quizá su única equivocación fue declarar que “sabemos dónde tienen esas armas”. “Debería haber usado la frase ‘sitios sospechosos'”, escribe Rumsfeld.

El título del libro proviene de la recordada respuesta que dio a la prensa cuando se le preguntó sobre la información que justificaría la invasión, y específicamente si Irak había dado armas de destrucción masiva a los terroristas.

“Los informes que indican que algo no ha ocurrido siempre me han parecido interesantes”, contestó Rumsfeld con tono burlón.

“Porque, como sabemos, está lo conocido que sabemos, están las cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que hay algunas cosas que no sabemos. Pero también están las cosas desconocidas que no sabemos, aquellas que no sabemos que no sabemos”.

Con el mismo estilo, Rumsfeld elude su responsabilidad por los abusos generalizados de los detenidos en Afganistán y en Irak, los traslados clandestinos, la insuficiencia de vehículos blindados y de tropas y, sobre todo, la imprevisión ante la insurgencia que seguiría al derrocamiento de Sadam Huseín.

De lo que sí se arrepiente Rumsfeld en su libro de memorias es de no haber dimitido cuando, a finales de 2004, se publicaron las fotografías de las atrocidades en la prisión iraquí de Abu Ghraib.

Según Rumsfeld, él le ofreció la dimisión dos veces a Bush y el presidente la rechazó. Bush destituyó a Rumsfeld en noviembre de 2006, tras los resultados negativos de las elecciones legislativas.

“Aún en medio de mi orgullo por las muchas cosas importantes que logramos, lamento que no dimití en ese momento”, escribió. Ocho años después, Rumsfeld sigue culpando por esos abusos a un grupo de soldados estadounidenses fuera de control, dando por supuesto que sus mandos no se enteraron.

En el libro, según los comentarios publicados por los diarios y revistas que han obtenido copias adelantadas, Rumsfeld critica a quienes fueron secretarios de Estado en ese periodo, el general retirado Colin Powell y su sucesora Condoleezza Rice, pero abunda en elogios para el presidente Bush y el ex vicepresidente Dick Cheney.

Una sección importante del libro está dedicada al campo de prisioneros establecido por el Pentágono en la base naval de Bahía de Guantánamo (Cuba), donde han sido recluidos cientos de hombres capturados en diferentes partes del mundo como supuestos terroristas.

Una de las “grandes decepciones” que Rumsfeld dice que sufrió es no haber podido convencer a la opinión pública de no había en el mundo otra prisión manejada de manera tan profesional y con trato correcto para sus reclusos como la de Guantánamo.

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